lunes, 13 de marzo de 2017

Deconstruyendo las frases malditas: el amor es lo que permite al goce condescender al deseo (o, más claro: “no hay pérdida de goce”).


Esta frase la dijo Lacan en el Seminario 10, si no me equivoco, y puede ser que no sea textual, copia fiel del original, pero esa es la idea que transmite y no me interesa ser tan técnico en la transmisión de estas cuestiones, creo que es mucho más interesante la posibilidad de conversar acerca de estos temas sin la obligación de aferrarse dogmáticamente a los cánones de exactitud, los cuales muchas veces sirven más a los efectos de limitar y reducir las posibilidades que de ampliar el horizonte que nos ocupa. Así que creo que lo dice en el Seminario 10 y es más o menos así. Lo importante es ver qué podemos sacar de eso y para qué nos puede servir, en lugar de fijarse obsesivamente cuales fueron las palabras de Lacan y repetirlas incansablemente sin tener mayor idea de qué estamos diciendo.
Esta frase me vino a la memoria en una clase donde se discutió acerca de la famosa y tan repetida “pérdida de goce” en todas sus formas de presentación: reducir el goce, acotar el goce, disminuir el goce y muchas otras que se repiten constantemente en la cual parecería que el goce es algo que hay que hacer desaparecer o, al menos, reducir lo más posible.
En esto estaríamos actuando como ya lo hacía el primer Freud, hablando de cantidades que puede ser aumentadas y reducidas, a las cuales ya en el viejo Proyecto de una psicología para neurólogos había denominado Q. Así el goce sería algo que puede reducirse hasta cierto punto, nunca del todo, y tendría como efecto lo mismo que cualquier reducción de cargas en el modelo freudiano, es decir reducir el displacer para que haya mayor cantidad de placer.
Bueno, no, esto no es así y creo que es interesante poder empezar a tomar la cuestión del goce desde otro punto de vista, es decir cambiarle la perspectiva, porque eso nos va a permitir encarar la clínica desde otro lugar.
Sabemos que Lacan dijo que el goce es algo sin lo cual el mundo entero carecería de importancia, con lo cual queda claro no solo que no es conveniente eliminar el goce por completo, ya que sería algo así como quitarle toda la libido a una persona, todo interés a la vida, todo propósito y meta a nuestros pacientes, sino que además queda claro que eso es completamente imposible, ya que todo sujeto siempre tendrá una fuerza, una libido, un goce y muchas cuestiones más que no pueden eliminarse como si se tratara de una energía que puede robársele. Considero que la cuestión de la pérdida del goce es un error que parte de una confusión, porque lo que dice Lacan en la frase que estamos tratando no es que el destino del goce sea la desaparición, sino que lo que puede ocurrir con el goce es que “condescienda” con el deseo. ¿De qué estamos hablando cuando decimos eso? Tiene que ver con el hecho de que el goce es imposible de eliminar de la vida de un sujeto, no se le puede sacar como si habláramos de un pulmón o de una cantidad de energía susceptible de ser aumentada o reducida; lo que sí se puede hacer en un trabajo de análisis es algo que puede ser calificado como una reorganización del goce, una reestructuración, un cambio de dirección y también de mecanismo de ser puesto en acción, una forma distinta en la cual el goce es puesto en juego dirigiéndose a otros objetivos y haciendo que se activen situaciones distintas de las que se motivaban antes.
De esta manera, ya no se estaría hablando de que el goce es un obstáculo a la aspiraciones del sujeto, no se trata de que goza mucho y por eso sufre y eso es lo que impide que el sujeto pueda disponer de su deseo y hacer uso de él para finalmente dedicarse a hacer todas las cosas que le gustan, quiere y ansía, de tal manera que habría  que apuntar durante el tratamiento a que el goce desaparezca para poder ver el surgimiento del deseo que estaba aplastado. Siguiendo esa línea estaríamos planteando una oposición radical entre el deseo y el goce que nos llevaría a pensar que son dos cosas contradictorias y que la sola presencia de una significa la absoluta ausencia de la otra.
La frase de Lacan que hoy nos ocupa muestra que esto no es así, ya que introduce al amor como aquello que puede lograr que uno y otro aparezcan juntos, más específicamente que el goce acceda a seguir la dirección del deseo, pueda acoplarse a él y darle el impulso para ejercerse de una forma distinta a como lo venía haciendo.
De esta forma no se trata de hacer desaparecer el goce para que aparezca el deseo, sino de una redirección del goce, podríamos decir siguiendo con la idea de no ser tan técnicos con los cánones, algo así como hacer que el goce deje de estar puesto donde estaba y pase a relacionarse con el deseo para que ambos puedan dirigirse a los mismos objetivos y así el goce cambiaría su rumbo, como el recalculando del GPS, y pasaría a unirse al deseo.
Pero aún así el goce no se pierde, se reordena si quieren llamarlo así, pero no hay una pérdida en la cantidad de goce. Es como si pensáramos que la escena fantasmática pierde intensidad con el avance del análisis hasta el punto en el cual el fantasma desaparece o, al menos, queda tan debilitado que ya no tiene efecto, cuando en realidad lo que Lacan dice del fantasma es que se atraviesa; el fantasma se analiza y a partir de ahí puede hacerse con él algo distinto de lo que venía haciéndose hasta ese momento, pero no se lo elimina, ni se lo modifica,  ni se lo sustituye por otro. De la misma manera, el goce no desaparece ni se debilita, sino que con el avance del análisis se podrá hacer con el algo distinto de lo que se venía haciendo hasta el momento y esa “otra cosa distinta” tiene que ver con una especie de sometimiento del goce al deseo.

Omito deliberadamente la cuestión de por qué es el amor lo que permite lograr tal cambio en el goce, tal forzamiento del goce a someterse al deseo; por el momento quería comentar un poco acerca de la idea de la “pérdida de goce” de la que tanto se habla por todos lados.

lunes, 13 de febrero de 2017

Deconstruyendo las frases malditas: El sujeto es lo que representa a un significante para otro significante.

Siguiendo con las frases odiosas que tantas veces nos vemos obligados a leer o escuchar, quería seguir con la frase que vendría a ser la prima hermana de la que revisé a finales del año pasado. Digo que es la prima hermana porque la otra abordaba una cuestión desde el lado de la definición del significante y esta aborda exactamente la misma cuestión, solo que lo hace del lado de la definición del sujeto.
La cuestión en cuestión, valga la redundancia, es la relación que hay entre el sujeto y los significantes que hacen que su existencia quede en evidencia para la conciencia. De la misma manera que se veía en la frase anterior, el sujeto solamente puede surgir si está entre dos significantes, ya que los significantes son imprescindibles para poder hablar de sujeto en la teoría psicoanalítica lacaniana y que un solo significantes ni siquiera puede existir, siendo que se necesitan por lo menos dos para que se den mutuamente la calidad de significantes. Si son más de dos, pasa a ser algo sin importancia porque ya forman parte de la cadena y ahí la conexión, vía metonimia, se extiende hasta el infinito.
A mi me gusta pensar que S1 y S2 no representan tanto la relación entre dos significantes, sino mejor aún, la relación de un significante, S1, con la totalidad de la cadena, representada por S2, en la cual las conexiones y las asociaciones son incontables e imposibles de preveer debido a que este S2, cadena, está formado por todos los significantes que nuestro inconsciente tenga a bien traer a colación mediante vínculos entre ellos.

De manera que este sujeto es resultado de la relación significante, lo cual es decir que solo podemos definir al sujeto diciendo que es lo que se produce debido a cómo un significante se vincula con otro significante y por lo tanto, resultado de esa vinculación, de lo que uno es y representa para el otro, surge el sujeto y de ahí su definición.

martes, 13 de diciembre de 2016

¡Y llegaron las 100!


Con esta publicación llego a la número 100 en este blog, que comenzó en Enero del año 2012 y que tuvo sus momentos de mayor producción y otros de menor producción (como, por ejemplo, el momento actual).
Es algo que hago con mucho placer y que me sorprende cuando veo algún comentario dejado por algún lector, o que alguien se suscribió al blog, o simplemente que el número de las visitas aumenta aunque yo n sepa quienes se metieron ni mucho menos qué cosas fueron las que les interesaron y cuales otras no.
Mucho de lo que publico acá acerca de psicoanálisis lo pongo también en mi página de Facebook y hace poco empecé ahí un grupo llamado “Pensar el psicoanálisis” donde publico preguntas que se me ocurren acerca de los distintos temas que esta hermosa vocación me plantea, con la intención de discutirlos entre todos los que quieran participar y ver qué podemos construir entre todos con los aportes que cada uno pueda hacer desde su lugar, sin ninguna exigencia de saber previo. Todos los interesados están invitados.

Finalmente, lo mismo de siempre, gracias a todos los que entran y leen, participan y comentan o, al menos, están ahí para que yo esté acá.

martes, 22 de noviembre de 2016

Deconstruyendo las frases malditas. El significante es lo que representa al sujeto para otro significante.

Y después de la frase acerca de lo que es un sujeto resulta que estamos ahí nomás de la frase que habla de lo que es un significante, son como primas hermanas que van de la mano y lo dicho en un caso sirve mucho para explicar el otro caso.
Porque hay muchas formas de hablar del significante, pero esta definición, imaginando que se trata de una definición y no de algo que Lacan dice para ponerle un enorme misterio a algo que podría decir de otra manera, es la que se escucha millones de veces. Lacan lo dice en “Subversión del sujeto…”, agregando que no hay otra definición más que esta, planteando una especie de dogma sagrado, un mandamiento categórico, al estilo: “No inventarás otra definición del significante más que la que te he dado YO”.
Es obvio que lo que Lacan entiende por “significante” es algo concreto, para Lacan no se puede dar una definición del significante aludiendo a algo que defina al goce, por ejemplo, porque el significante es una cosa y el goce es otra; pero que haya una sola forma de definir lo que un significante es y no se pueda dar cuenta de él como no sea de esa única forma… ya no estoy tan de acuerdo. Todo depende de cómo tomemos el concepto de “definición”.
Algunos van a decir que Lacan dice que no hay otra definición porque… no hay otra definición. Ustedes sabrán decidir qué piensan de este tema.
La cosa es que el significante nunca aparece solo, siempre está en relación con otro significante, solo en la relación con este segundo significante se puede descubrir el primero de ellos. Claro que no estamos hablando de tiempos cronológicos, como los del reloj porque aparece primero uno y después el otro, sino de tiempos lógicos ya que solamente cuando aparece algo que tiene relación con otra cosa es que los tomamos a los dos como significantes de la misma cadena. El hecho de que no se trate de tiempos cronológicos sino lógicos está demostrado por la aparición simultánea de ambos significantes, S1 y S2, ya que solo al unirlos puede pensarse en la relación que los une y hablar de ellos como significantes. Antes, cronológicamente antes, solo había palabras y después, cronológicamente después, hay dos significantes. Es por eso que digo que ponerle el número 1 y el 2 a estos significantes, como si uno viniera antes que el otro, solo responde a una secuencia lógica y no cronológica.
Y es solamente cuando esto se produce que aparece la irrupción de algo que no está contemplado, es decir que a esa persona que habla, que pronuncia palabras creyendo que sabe lo que dice y que lo que dice es exactamente lo que quiere decir, la aparición de estos dos significantes le resulta extraño, se trata de algo que no estuvo previsto ni fue hecho a propósito, es algo que se escapa a la idea de que todo lo que es dicho surge de la intención de quien habla.
Tal vez el ejemplo más evidente de esto es el lapsus, en el cual la propia persona que habla se sorprende al decir algo que está por fuera de lo que quería decir y de la línea que seguía su discurso. Claramente las demás formaciones del inconsciente, como las llama Lacan, también siguen esta lógica, pero el lapsus produce el efecto inmediato y la sorpresa para quien lo dijo.
Es ahí cuando aparece la pregunta acerca de dónde salió eso raro que no debería haber aparecido ya que no pertenece a la conciencia ni la intención del que habla o, por decirlo de una forma muy escuchada, aparece la pregunta ¿quién habló ahí? Siguiendo con el ejemplo del lapsus, entre el significante que se quiso decir, pero no fue dicho y el significante que no se quiso decir, pero fue efectivamente dicho aparece el sujeto del inconsciente que fue el autor de ese lapsus, fue el sujeto ($) el que habló ahí y ocurre que esas irrupciones son las únicas que puede realizar para dar cuenta de su existencia, ya sea como lapsus, sueños, síntomas, olvidos o chistes.
Es así como un significante solo puede conectarse con otro si existe un sujeto que, por los motivos particulares de cada sujeto, realice la conexión con ese otro significante, solo puede existir esta unión entre S1 y S2 si hay un sujeto que la produzca trazando entre ellos las líneas asociativas que lleven de uno hasta el otro.

Es por eso que entre dos significantes es que surge el sujeto y esto fue descripto por Lacan con la frase que hoy nos ocupa.

viernes, 21 de octubre de 2016

Batman Vs. Superman. El psicoanálisis y la filosofía Vs. el sentido común.


El más o menos reciente estreno de la película “Batman vs. Supeman” me metió en conversaciones donde tenía que explicar por qué estos dos superhéroes se peleaban entre sí en lugar de salir juntos “a luchar por la justicia” contra los supervillanos. Ocurre que mucho ha cambiado desde los cómics ingenuos de la década del ´40 y del ´50 y la complejización de las historias ,así como la de los personajes, se volvió mucho más interesante con elementos claramente filosóficos, como los que definen a estos dos personajes.
Pero además de eso me llevé una gran sorpresa de descubrir que hay una forma de relacionar las diferencias entre ellos con lo que vivimos todos los días en el consultorio psicoanalítico y eso me motivó a escribir esta presentación.
Empiezo por el principio, describir un poco lo que son Batman y Superman que les lleva inevitablemente a ponerse en veredas distintas y claramente opuestas, de manera que el enfrentamiento entre ellos era solo una cuestión de tiempo hasta que algún escritor de sus cómics se diera cuenta y lo pusiera de manifiesto.
Quiero empezar por Batman porque me gusta más (o tal vez debería decir que me gusta solamente, porque el otro… para nada. Ya se irán imaginando a quien pongo del lado del psicoanálisis y a quien del lado del sentido común). Batman es un personaje muy complejo con una personalidad enigmática y dura, está muy lejos de ser simpático, carismático y querible por quienes tratan con él y solamente el comisionado Gordon lo respeta y tal vez lo admira, pero no disfruta de su compañía. Es ya clásica la repetición de escenas donde Batman deja a Gordon hablando solo y cuando vuelve para mirarlo el murciélago ya no está, cosa que le molesta mucho al policía aunque aprendió a tolerarlo.
Batman es un hombre con un pasado traumático que siendo niño vio morir a sus padres frente a sus ojos y a partir de ese momento decidió, como dice el Guasón en “La broma asesina”, vestirse de rata con alas para salir de noche a pelearse con criminales y por eso queda claro que muy bien de la cabeza no está (cito de memoria). A él le importan demasiado poco las reglas establecidas y obedece sus propias reglas, solo coinciden en “no matar”, pero sus métodos están muy lejos de ser aceptados y compartidos por todos. Batman es un forajido que actúa por fuera de la ley y esto implica un cuestionamiento filosófico acerca de que si él puede también otros deberían tener el mismo derecho y así cualquiera podría hacer justicia por mano propia como mejor le pareciera siguiendo un poco el imperativo categórico kantiano por el cual el acto de convertirse en un vigilante renegado fuera convertido en ley universal, es decir, para todos.
Aún más, Bruce Waine eligió convertirse en un murciélago porque ese animal lo asusta, siempre le produjo miedo, incluso desde chico, de manera que Batman es una figura atemorizante no solo para aquellos a quienes combate, sino también para él mismo. Esto está en coincidencia con sus métodos, los cuales no son muy políticamente correctos, ya que implican la violencia, la intimidación, el producir terror, violar alguna que otra ley cuando él lo considera necesario; algo así como si se basara en otro precepto filosófico (¿lo dijo o no lo dijo Maquiavelo? Creo que no) que dice que el fin justifica los medios (salvo en el caso del homicidio).
Por todo esto y mucho más, son muchos los que no saben qué es Batman, de qué lado está, si hay que temerle o admirarlo, si se sienten más seguros o más amenazados por su presencia, si es héroe o villano y si es bueno o malo que exista alguien fuera de la ley que se ubica como juez y verdugo al mismo tiempo sin rendir cuentas a nadie.
Como se ve, todas las cuestiones filosóficas y psicoanalíticas que se les ocurran pueden aplicarse de una u otra manera a Batman.
Por el otro lado… Superman.
El más famoso de todos los hijos de Kriptón es un ser bueno, que sostiene los más altos ideales que todos decimos compartir, tanto es así que no solo no mataría nunca a nadie y la sola idea le generaría un horror tal que lo haría vomitar durante días, sino que además es alguien completamente incapaz de mentir, jamás dice una sola mentira porque eso no sería correcto, también siguiendo el imperativo categórico de Kant. Incluso, según Kant, una persona tenía que decir la verdad aún cuando un asesino le estuviera preguntando donde se escondía su amigo para poder matarlo, ya que al parecer la vida de su amigo no era tan importante como el hecho de decir la verdad y algo de esto se ve reflejado en el carácter de Superman, quien siempre parece tener todas las cosas claras, la bondad es la bondad y la maldad es la maldad, los buenos trabajan y son justos mientras que los malos deben ir a la cárcel previo juicio con jurado como la ley manda. Él es demasiado obediente de lo correcto, lo bueno y lo bello, también es muy ordenado, siempre bien centrado, seductor e inteligente sin perder el sentido del humor y es el paladín de la justicia a quien el gobierno de Estados Unidos recurre frecuentemente como garantía de confianza, seguridad y bienestar de todos los seres humanos. ¿No será mucho?
Claramente, alguien así, tan perfecto e ideal, no puede ser humano porque no está atravesado por ninguna barra y por eso podemos decir desde el psicoanálisis que entendemos que su nombre se escriba con S como inicial y nunca veremos escrito: “$uperman”. Pero bueno, puede ser, él nació en Kriptón.
Se trata claramente de dos modelos completamente distintos, pero lo que más me interesa es que son completamente incompatibles ya que donde se aplica el método de uno es imposible que funcione el del otro, o se hace de manera legal, con todas las garantías, según cómo indican las leyes y sin decir una sola mentira porque eso está mal o se hace en las sombras, rompiendo cuanta ley haya que romper (salvo una) y escribiendo nuevas reglas, sin que en ningún momento la impresión que esto cause en la gente común influya en la decisión a tomar.
Y pensando en todo esto se me ocurrió que ambos representan bastante bien lo que el psicoanálisis y la filosofía por un lado, y el sentido común por el otro tienen de más importante, ya que las dos primeras, como Batman, representan un gran misterio para la mayoría, no se los comprende y la gente común se pregunta si valen la pena o son simples locuras, se meten en cosas raras que el resto prefiere dejar de lado sin siquiera enterarse de qué se tratan. Pero sin embargo ahí están y ahí siguen y ahí van a seguir estando para mostrarnos que hay muchas más cosas de las que queremos ver, para mostrarnos que no existen las cosas blancas ni las cosas negras sino solamente distintos tonos de gris y para mostrarnos que lo que se nos aparece del otro lado, el sentido común, no es más que un engaño en el que cómodamente nos arrullamos para convencernos de que las cosas son claras, que se puede vivir la vida sin decir una mentira, que los buenos están de un lado y los malos del otro tanto así que la diferenciación se puede hacer sin complicaciones, que el malo debe recibir un trato justo porque los que son buenos actúan buenamente, que alguien puede ser alto, lindo, fuerte, inteligente, quedarse con la chica que le gusta, ser la estrella rutilante en su lugar de trabajo, gracioso, tener la desconcertante habilidad de que nadie se de cuenta de la doble identidad a pesar de estar siempre con la cara a la vista y, encima, como si todo esto no fuera suficiente, salvar la Tierra y muchos mundos más con el tiempo justo para entregar la nota que va a ser la tapa del diario y llegar a casa para preparar la cena y encender las velas para una cita romántica con la novia.
O tal vez todo esto no sea solo una ilusión y un ideal, sino que sea una realidad concreta. En Kriptón.
Acá en el planeta Tierra la realidad es más al estilo batmaniana, con todos los claroscuros y dudas posibles e imaginables, tanto como los que inspira la figura del hombre murciélago, con todos sus traumas, temores e inseguridades a cuestas.
Yo, por mi parte, disfruto mucho algunas historias de Batman, pero siempre consideré que Superman era un personaje aburrido, tonto y sin ninguna característica que valiera la pena destacar, motivo por el cual jamás pude identificarme con él.
Como resultado inevitable de esto, soy psicoanalista y me encanta la filosofía.

viernes, 7 de octubre de 2016

Deconstruyendo las frases malditas. El sujeto es lo que un significante representa para otro significante.

Todo aquel que se interese por el psicoanálisis, lea a Lacan y, sobre todo, escuche a quienes hablan acerca de su teoría tiene que atravesar el hecho de que estará obligado a enfrentarse con algunas frases que tienen características enigmáticas, ya que son las definiciones que Lacan dio a distintas cosas, pero que están muy lejos de cumplir con lo que normalmente entendemos por una definición. Con esto me refiero a que cuando uno busca una definición es porque quiere encontrar una explicación que le deje claro de qué se está hablando y qué significa un término, esto es lo que pasa cuando uno busca una palabra en el diccionario, por ejemplo, para saber qué significa.
Entre estas frases están la que hoy nos ocupa y también su prima hermana: “el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”, o también: “no hay relación sexual”, “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, “amor es dar lo que no se tiene a quien no lo es” y otras.
Lacan da sus definiciones, pero la sorpresa comienza cuando al leer estas definiciones se produce el hecho de que seguimos sin entender de qué estamos hablando y además se suma el desconcierto acerca de qué diantres significa esa definición. Claro que después de cierto recorrido uno puede llegar a encontrarle un sentido a esa frase y descubre que la definición está bien puesta, pero lo que ocurre es que en ese punto se descubre que la frase no aporta nada nuevo y no suma nada.
Lo sorprendente es que estas frases son repetidas constantemente y uno las escucha muchísimas veces, tanto que dan la impresión de ser una especie de mantra sagrado que debe ser repetida porque es la palabra de Lacan, como si de algo mágico se tratara. Lo peor de todo es que la mayoría de las veces estas frases tan enigmáticas se repiten sin estar acompañadas por una explicación que de cuenta de a qué se refieren, motivo por el cual quedan en la nebulosa de lo que se sabe de memoria y no se entiende muy bien que digamos.
Todo esto recuerda al oráculo de Delfos, del cual se decía que hablaba en un modo hermético, esto es de una forma tan cerrada que nadie entendía lo que decía, daba lugar a confusiones y solo se entendía el sentido exacto de sus palabras cuando se producían los hechos, ante los cuales la predicción cobraba todo su valor, pero ya estaba todo hecho y lo dicho por el oráculo ya no servía para nada. El ejemplo de la vida de Edipo con el asesinato de su padre y el incesto con su madre es un ejemplo perfecto de esto, del cual los analistas no estamos tan alejados gracias a su uso por Freud.
En mi opinión, y es solamente una opinión, una postura que nadie tiene por qué compartir si no está de acuerdo, esto solo sirve para lo que el mismo Lacan llama: “la infatuación”; nosotros diríamos el ego de quien habla, ya que muchas veces al decir cosas que no se entienden parece como si el que habla fuera un gran erudito que domina cuestiones extremadamente complejas a las cuales los oyentes no pueden acceder por culpa de su ignorancia. En realidad, lo más probable es que si se dicen cosas que no se entienden pueda deberse a que quien las dice no sabe hacerse entender. O no quiere.
Pero, en fin, más allá de estas cuestiones, lo que nos convoca es la frase en cuestión y ver cómo se puede pensar para aclarar un poco la oscuridad que la envuelve, así que… allá vamos.
La frase es la definición de lo que es un sujeto y esta definición pone en íntima relación al sujeto con los significantes, más específicamente lo relaciona con dos significantes. Se me ocurre empezar a comentar esto hablando de la teoría básica de Lacan acerca del significante  en la cual ningún significante existe o vale por sí mismo, sino solamente por su relación con otros.
Entre paréntesis, esto le llega a Lacan no solo por de Saussure, sino también tiene ecos de Hegel, quien explica que todo está íntimamente interconectado por todo y la única forma de explicar qué es una cosa es por sus relaciones con todo lo demás. Así yo puedo definirme como hombre, argentino, psicoanalista y demás por ubicarme en relaciones de inclusión y exclusión con categorías de sexo como otros y en oposición a otros, de nacionalidad con las mismas características de oposición e inclusión, de profesión… etcétera.
Entonces es solo por la unión de dos significantes que puede hablarse de significante, ya que uno solo no cumple con esta idea, por eso Lacan habla del S1 y el S2 puesto que sin S2 no puede hablarse de S1 y “si y solo si”, como se dice en lógica, puede hablarse de significante cuando aparece un segundo significante que por resignificación pone en valor a lo que en ese momento se instituye como S1.
Dicho esto es hora de meter al sujeto, que es lo que estamos tratando de definir. La idea de Lacan es que en la unión entre esos significantes es cuando aparece el sujeto, el cual se escribe $, sujeto barrado, y por eso muchas veces se grafica la relación entre estos dos significantes y el sujeto de la siguiente manera:



Esta aparición del sujeto es instantánea y dura lo que un suspiro, pero su existencia es innegable. Una forma clara de mostrarlo es en los lapsus, cuando alguien dice algo que no era lo que quería decir a nivel conciente, pero ese algo se metió en el discurso sin que nadie sepa de donde salió o por qué motivos; en estos casos quien habla es el que primero se sorprende por esa otra palabra que apareció, en caso de que note el cambio. Respecto de la resignificación de un significante por otro, la creación de S1 solo a partir de S2, es claro en el lapsus que solo ante la aparición de una palabra por otra se produce el efecto al que se hace mención y solo ahí uno puede prestar atención a cuales son los significantes involucrados, ya que antes de esto no importaba que alguien hubiera mencionado una las palabras (la que se convertirá en S1) porque está aparecía simplemente como una palabra más sin ningún valor especial y solo a partir de su relación con otra, S2, aparece un efecto distinto al del puro hablar.
Desde el psicoanálisis podemos decir que lo que ocurrió es que en el discurso conciente hubo una ruptura, un corte o, como le gustaba decir a Lacan, una hiancia, una grieta que permitió la aparición de algo que, como decía Freud, proviene de otro escenario,  proviene de lo inconsciente. Eso que irrumpe ahí es el sujeto del incosciente y solamente puede aparecer en relación a dos significantes que pueden corresponder en el lapsus a la palabra que se quiso decir y la otra que efectivamente fue dicha en su lugar. Lo interesante de esto es que en esa grieta del discurso conciente, en la unión de esos dos significantes, aparece el sujeto como portador de una verdad, la verdad en relación a lo inconsciente y, como no, al deseo del sujeto, por lo tanto son tan importantes los lapsus de un  paciente en análisis ya que son un acceso maravilloso a las cuestiones que se están poniendo en juego cuando el paciente habla de… lo que hizo el domingo con la familia o algo por el estilo.
En este sentido, decir que el sujeto es lo que representa a un significante para otro significante puede entenderse en relación a que el sujeto es lo que aparece en la unión de dos significantes porque el sujeto es lo que marca el valor de la verdad que está en juego, verdad según la cual dos significantes se unen en un sentido específico que da cuenta de una verdad del sujeto. En este planteo se muestra que sin esa verdad en juego no habría ningún motivo para que dos palabras se unan y se conviertan en significantes, en ese caso no habría nada que mostrar y no se produciría ninguna formación del incosciente.
Como ejemplo de todo esto, se me ocurre la escena de la serie “Friends”, en la cual uno de los personajes, Ross, está casándose con Emily y ve en la boda a su antigua novia Rachel. Cuando el cura le dice que repita después de él y dice: “Te tomo como esposa, Emily”, Ross dice: “Te tomo por esposa, Rachel”.
Antes de que hablara Ross, “Emily” no era un significante sino que era solamente una palabra como cualquier otra, al igual que “Rachel”, aunque nadie la hubiera pronunciado; la sustitución que hace Ross transforma ambas palabras en significantes; se puede decir que los significantes nacen juntos en pares o no nacen.
Además de esto no es difícil hacer una lectura de cuál es el sujeto y cuál es la verdad en juego en ese lapsus, siempre que tengamos en cuenta que es una serie de TV y las cosas se nos ofrecen de manera muy sencilla, muy distinto de lo que ocurre en la mayoría de los ejemplos de la vida real. Al oír esto es fácil entender que lo que le ocurre a Ross es que al ver a Rachel desearía que fuera ella su esposa y no Emily y fue eso lo que se manifestó inconcientemente a pesar de las defensas de su Yo.
A pesar de no ser psicoanalista, Emily se ofende mucho por esto sin importar cuanto esfuerzo haga Ross para explicar “que fue todo un error sin importancia” y se terminan divorciando. Al final de la serie, Ross y Rachel terminan juntos dando al lapsus de él no solo el valor de verdad que todos (menos Ross) le adjudicamos en el mismo momento en que se produjo, sino también la consagración efectiva y feliz en el amor.

Claro, porque no nos muestran cómo sigue esa pareja, sino eso de que fueron felices habría que ver si es tan así, porque, como dijo Lacan… “la relación sexual no existe”, además de que habría que ver qué entendemos al hablar de que “el amor es dar lo que no se tiene a quien no lo es”, pero esto habrá que explicarlo en otra ocasión.

viernes, 16 de septiembre de 2016

El fantasma en "Pegan a un niño". (2º parte)

Sumando estos dos textos, pensar en una base de fantasías relacionada con el masoquismo empieza a perder esa sensación de extrañeza que puede generarse la primera vez que uno lee en Freud que todos tenemos fantasías de tipo masoquista, lo cual contradice el más evidente sentido común que todos sostenemos en la vida cotidiana argumentando que no queremos saber nada con el dolor y el sufrimiento y que lo único que buscamos es el placer y poder disfrutar. En contra de este sentido común que el psicoanálisis tanto rechaza, Freud muestra cómo el placer y el dolor no son antagonistas sino que pueden presentarse juntos al obtener placer del dolor, tal como se evidencia en el análisis de las fantasías de carácter perverso que tenemos los neuróticos. En “El problema…” Freud destaca que ya en “Tres ensayos…” había dicho que la excitación sexual se producía cuando algún proceso superaba cierto límite cuantitativo, por lo que no sería sorprendente que tanto el dolor como el sufrimiento en general pudieran superar el umbral de cantidad y se convirtieran en excitación sexual. Esto también nos dice que aún cuando haya discutido que el placer y el displacer puedan ser únicamente explicables a través de lo cuantitativo, eso no significa que Freud haya abandonado este tipo de explicaciones para ciertos procesos psíquicos, en este caso, la producción de la excitación sexual.
También hay que hacer notar la estrecha relación que existe entre las fantasías de “Pegan…” y el complejo de Edipo. En principio no hay duda que estas fantasías muestran una relación de tipo erótico entre el fantaseador y su padre, observable en la obtención de placer masoquista a través del contacto físico o de placer sádico al hacerse preferir a un hermano; pero también esta relación puede pensarse en que el masoquismo moral no puede pensarse como algo alejado del Super Yo, el cual representa la conciencia moral y surge de la introyección de las figuras de autoridad más importantes de la infancia del niño, es decir quienes cumplieron para él la función materna y paterna, es por eso que Freud dijo que el Super Yo era el heredero del complejo de Edipo. De esta manera se entiende que al aparecer el masoquismo moral se está poniendo en juego una instancia psíquica que representa la imagen paterna interiorizada por el niño durante el complejo de Edipo y que determina sus exigencias morales.
En la clase 7 del Seminario 4, Lacan destaca que la relación entre síntomas y fantasías es muy estrecha, pero no aparecen así en los relatos de los pacientes, los cuales cuentan sus síntomas que lujo de detalles y se quejan abiertamente de ellos, pero no tienen la misma actitud respecto de sus fantasías, las cuales no son contadas sino en muy pocas ocasiones y con un gran contenido de vergüenza y pudor. La fantasía se disfruta en soledad la mayor parte del tiempo, es un placer masturbatorio. Es por eso que dice que no es lo mismo jugar mentalmente con el fantasma que hablar de él.
 Es importante destacar que la práctica masturbatoria y la fantasía no están originalmente unidos, sino que para esta unión operó lo que Freud llama una soldadura. En “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, Freud destaca que el placer era al inicio de la vida puramente autoerótico, destinado a obtener placer en una determinada zona erógena, y solamente luego es fusionado con la fantasía mediante esta soldadura.
En este seminario, Lacan destaca que lo que no aparece en los relatos de los neuróticos respecto de esas escenas, es decir la situación fantaseada por ellos respecto de por qué pasa lo que pasa, es algo que se encontrará en el análisis de los síntomas y pone como ejemplo en la primera escena fantasear con que el padre le pega al niño odiado por el fantaseador para manifestar su amor a este último o que el padre lo hace porque teme que el fantaseador crea que no es su preferido; estas y cualquier otra forma de armar esa escena es lo que aparecerá representado en los síntomas neuróticos y que Lacan llama el fantasma, se trata de creer o inferir algo de las escenas, lo cual queda como argumento fantasmático y conserva las marcas de los elementos significantes de la relación con el Otro, es decir de atravesar el complejo de Edipo y las fantasías. Lacan dice que son significantes en estado puro, vaciados de su sujeto, sin su relación intersubjetiva.
De esta manera, el fantasma fija una escena, algo que no tiene el decurso de una historia sino que se presenta como instantáneo y que Lacan llama un “recuerdo pantalla”. Se trata de este residuo que queda inmovilizado en el fantasma y que se repetirá en los síntomas neuróticos, se trata así de su soporte y su testimonio.
Según Delgado, cada uno de los neuróticos arma su propia versión de la fantasía de “Pegan…”, la cual es el texto que produce una satisfacción autoerótica envuelta por la fantasía. El fantasma es una forma de transformar en placer lo que Freud ubicaba como el más allá del principio del placer, es decir la pulsión de muerte, que lleva a la repetición constante, y lo hace mediante una escena fantaseada que le agrega una historia a este placer que previamente fue únicamente autoerótico, historia que deja lugar a una inferencia por parte del sujeto acerca de su significado, lo cual quedará como resto y dará lugar a la construcción fantasmática. Esto marca una diferencia notable entre la fantasía perversa y lo que encontramos en la perversión como estructura, en la cual la satisfacción no está en la fantasía sino en el hecho concreto, motivo por el cual se dice que el neurótico encuentra placer en fantasear aquellas cosas en las que el perverso encuentra placer al hacer efectivamente, lo cual dio origen a presentar a la perversión como el negativo de las neurosis.
Cuando el fantasma no puede realizar esta transformación de lo que está más allá del principio del placer en una ganancia de placer se dice que se produce una vacilación fantasmática, el fantasma no cumple con su cometido, algo de eso empieza a fallar por lo que el sujeto pasa a estar en relación con algo de la pulsión de muerte que no es transformado en placer y es en ese punto cuando aparece la angustia que muchas veces lleva a una consulta con un psicoanalista.
En el grafo del deseo, encontramos lo siguiente:


En la imagen destacada dentro del rectángulo encontramos que el punto superior muestra la falta en el Otro, S(A tachada), el significante de la falta en el Otro, lo cual representa lo que ningún neurótico quiere encontrar, lo que siempre se busca ocultar y velar, aquello que produciría una angustia insoportable. Debajo de él aparece el matema del fantasma ($<>a), el cual se encuentra inmediatamente arriba del matema del síntoma, s(A).
Esto puede leerse como que el fantasma se ubica velando la castración del Otro, eso tan angustiante que fácilmente puede articularse con la pulsión de muerte, y esta ocultación de la castración del Otro la logra gracias a una escena que produce una ganancia de placer y que se ve implicada y representada en los síntomas de los cuales el sujeto neurótico se queja, pero en los cuales ya Freud había descubierto una sustitución de la satisfacción sexual y un placer perverso relacionado con el sadismo y el masoquismo.