martes, 22 de noviembre de 2016

Deconstruyendo las frases malditas. El significante es lo que representa al sujeto para otro significante.

Y después de la frase acerca de lo que es un sujeto resulta que estamos ahí nomás de la frase que habla de lo que es un significante, son como primas hermanas que van de la mano y lo dicho en un caso sirve mucho para explicar el otro caso.
Porque hay muchas formas de hablar del significante, pero esta definición, imaginando que se trata de una definición y no de algo que Lacan dice para ponerle un enorme misterio a algo que podría decir de otra manera, es la que se escucha millones de veces. Lacan lo dice en “Subversión del sujeto…”, agregando que no hay otra definición más que esta, planteando una especie de dogma sagrado, un mandamiento categórico, al estilo: “No inventarás otra definición del significante más que la que te he dado YO”.
Es obvio que lo que Lacan entiende por “significante” es algo concreto, para Lacan no se puede dar una definición del significante aludiendo a algo que defina al goce, por ejemplo, porque el significante es una cosa y el goce es otra; pero que haya una sola forma de definir lo que un significante es y no se pueda dar cuenta de él como no sea de esa única forma… ya no estoy tan de acuerdo. Todo depende de cómo tomemos el concepto de “definición”.
Algunos van a decir que Lacan dice que no hay otra definición porque… no hay otra definición. Ustedes sabrán decidir qué piensan de este tema.
La cosa es que el significante nunca aparece solo, siempre está en relación con otro significante, solo en la relación con este segundo significante se puede descubrir el primero de ellos. Claro que no estamos hablando de tiempos cronológicos, como los del reloj porque aparece primero uno y después el otro, sino de tiempos lógicos ya que solamente cuando aparece algo que tiene relación con otra cosa es que los tomamos a los dos como significantes de la misma cadena. El hecho de que no se trate de tiempos cronológicos sino lógicos está demostrado por la aparición simultánea de ambos significantes, S1 y S2, ya que solo al unirlos puede pensarse en la relación que los une y hablar de ellos como significantes. Antes, cronológicamente antes, solo había palabras y después, cronológicamente después, hay dos significantes. Es por eso que digo que ponerle el número 1 y el 2 a estos significantes, como si uno viniera antes que el otro, solo responde a una secuencia lógica y no cronológica.
Y es solamente cuando esto se produce que aparece la irrupción de algo que no está contemplado, es decir que a esa persona que habla, que pronuncia palabras creyendo que sabe lo que dice y que lo que dice es exactamente lo que quiere decir, la aparición de estos dos significantes le resulta extraño, se trata de algo que no estuvo previsto ni fue hecho a propósito, es algo que se escapa a la idea de que todo lo que es dicho surge de la intención de quien habla.
Tal vez el ejemplo más evidente de esto es el lapsus, en el cual la propia persona que habla se sorprende al decir algo que está por fuera de lo que quería decir y de la línea que seguía su discurso. Claramente las demás formaciones del inconsciente, como las llama Lacan, también siguen esta lógica, pero el lapsus produce el efecto inmediato y la sorpresa para quien lo dijo.
Es ahí cuando aparece la pregunta acerca de dónde salió eso raro que no debería haber aparecido ya que no pertenece a la conciencia ni la intención del que habla o, por decirlo de una forma muy escuchada, aparece la pregunta ¿quién habló ahí? Siguiendo con el ejemplo del lapsus, entre el significante que se quiso decir, pero no fue dicho y el significante que no se quiso decir, pero fue efectivamente dicho aparece el sujeto del inconsciente que fue el autor de ese lapsus, fue el sujeto ($) el que habló ahí y ocurre que esas irrupciones son las únicas que puede realizar para dar cuenta de su existencia, ya sea como lapsus, sueños, síntomas, olvidos o chistes.
Es así como un significante solo puede conectarse con otro si existe un sujeto que, por los motivos particulares de cada sujeto, realice la conexión con ese otro significante, solo puede existir esta unión entre S1 y S2 si hay un sujeto que la produzca trazando entre ellos las líneas asociativas que lleven de uno hasta el otro.

Es por eso que entre dos significantes es que surge el sujeto y esto fue descripto por Lacan con la frase que hoy nos ocupa.

viernes, 21 de octubre de 2016

Batman Vs. Superman. El psicoanálisis y la filosofía Vs. el sentido común.


El más o menos reciente estreno de la película “Batman vs. Supeman” me metió en conversaciones donde tenía que explicar por qué estos dos superhéroes se peleaban entre sí en lugar de salir juntos “a luchar por la justicia” contra los supervillanos. Ocurre que mucho ha cambiado desde los cómics ingenuos de la década del ´40 y del ´50 y la complejización de las historias ,así como la de los personajes, se volvió mucho más interesante con elementos claramente filosóficos, como los que definen a estos dos personajes.
Pero además de eso me llevé una gran sorpresa de descubrir que hay una forma de relacionar las diferencias entre ellos con lo que vivimos todos los días en el consultorio psicoanalítico y eso me motivó a escribir esta presentación.
Empiezo por el principio, describir un poco lo que son Batman y Superman que les lleva inevitablemente a ponerse en veredas distintas y claramente opuestas, de manera que el enfrentamiento entre ellos era solo una cuestión de tiempo hasta que algún escritor de sus cómics se diera cuenta y lo pusiera de manifiesto.
Quiero empezar por Batman porque me gusta más (o tal vez debería decir que me gusta solamente, porque el otro… para nada. Ya se irán imaginando a quien pongo del lado del psicoanálisis y a quien del lado del sentido común). Batman es un personaje muy complejo con una personalidad enigmática y dura, está muy lejos de ser simpático, carismático y querible por quienes tratan con él y solamente el comisionado Gordon lo respeta y tal vez lo admira, pero no disfruta de su compañía. Es ya clásica la repetición de escenas donde Batman deja a Gordon hablando solo y cuando vuelve para mirarlo el murciélago ya no está, cosa que le molesta mucho al policía aunque aprendió a tolerarlo.
Batman es un hombre con un pasado traumático que siendo niño vio morir a sus padres frente a sus ojos y a partir de ese momento decidió, como dice el Guasón en “La broma asesina”, vestirse de rata con alas para salir de noche a pelearse con criminales y por eso queda claro que muy bien de la cabeza no está (cito de memoria). A él le importan demasiado poco las reglas establecidas y obedece sus propias reglas, solo coinciden en “no matar”, pero sus métodos están muy lejos de ser aceptados y compartidos por todos. Batman es un forajido que actúa por fuera de la ley y esto implica un cuestionamiento filosófico acerca de que si él puede también otros deberían tener el mismo derecho y así cualquiera podría hacer justicia por mano propia como mejor le pareciera siguiendo un poco el imperativo categórico kantiano por el cual el acto de convertirse en un vigilante renegado fuera convertido en ley universal, es decir, para todos.
Aún más, Bruce Waine eligió convertirse en un murciélago porque ese animal lo asusta, siempre le produjo miedo, incluso desde chico, de manera que Batman es una figura atemorizante no solo para aquellos a quienes combate, sino también para él mismo. Esto está en coincidencia con sus métodos, los cuales no son muy políticamente correctos, ya que implican la violencia, la intimidación, el producir terror, violar alguna que otra ley cuando él lo considera necesario; algo así como si se basara en otro precepto filosófico (¿lo dijo o no lo dijo Maquiavelo? Creo que no) que dice que el fin justifica los medios (salvo en el caso del homicidio).
Por todo esto y mucho más, son muchos los que no saben qué es Batman, de qué lado está, si hay que temerle o admirarlo, si se sienten más seguros o más amenazados por su presencia, si es héroe o villano y si es bueno o malo que exista alguien fuera de la ley que se ubica como juez y verdugo al mismo tiempo sin rendir cuentas a nadie.
Como se ve, todas las cuestiones filosóficas y psicoanalíticas que se les ocurran pueden aplicarse de una u otra manera a Batman.
Por el otro lado… Superman.
El más famoso de todos los hijos de Kriptón es un ser bueno, que sostiene los más altos ideales que todos decimos compartir, tanto es así que no solo no mataría nunca a nadie y la sola idea le generaría un horror tal que lo haría vomitar durante días, sino que además es alguien completamente incapaz de mentir, jamás dice una sola mentira porque eso no sería correcto, también siguiendo el imperativo categórico de Kant. Incluso, según Kant, una persona tenía que decir la verdad aún cuando un asesino le estuviera preguntando donde se escondía su amigo para poder matarlo, ya que al parecer la vida de su amigo no era tan importante como el hecho de decir la verdad y algo de esto se ve reflejado en el carácter de Superman, quien siempre parece tener todas las cosas claras, la bondad es la bondad y la maldad es la maldad, los buenos trabajan y son justos mientras que los malos deben ir a la cárcel previo juicio con jurado como la ley manda. Él es demasiado obediente de lo correcto, lo bueno y lo bello, también es muy ordenado, siempre bien centrado, seductor e inteligente sin perder el sentido del humor y es el paladín de la justicia a quien el gobierno de Estados Unidos recurre frecuentemente como garantía de confianza, seguridad y bienestar de todos los seres humanos. ¿No será mucho?
Claramente, alguien así, tan perfecto e ideal, no puede ser humano porque no está atravesado por ninguna barra y por eso podemos decir desde el psicoanálisis que entendemos que su nombre se escriba con S como inicial y nunca veremos escrito: “$uperman”. Pero bueno, puede ser, él nació en Kriptón.
Se trata claramente de dos modelos completamente distintos, pero lo que más me interesa es que son completamente incompatibles ya que donde se aplica el método de uno es imposible que funcione el del otro, o se hace de manera legal, con todas las garantías, según cómo indican las leyes y sin decir una sola mentira porque eso está mal o se hace en las sombras, rompiendo cuanta ley haya que romper (salvo una) y escribiendo nuevas reglas, sin que en ningún momento la impresión que esto cause en la gente común influya en la decisión a tomar.
Y pensando en todo esto se me ocurrió que ambos representan bastante bien lo que el psicoanálisis y la filosofía por un lado, y el sentido común por el otro tienen de más importante, ya que las dos primeras, como Batman, representan un gran misterio para la mayoría, no se los comprende y la gente común se pregunta si valen la pena o son simples locuras, se meten en cosas raras que el resto prefiere dejar de lado sin siquiera enterarse de qué se tratan. Pero sin embargo ahí están y ahí siguen y ahí van a seguir estando para mostrarnos que hay muchas más cosas de las que queremos ver, para mostrarnos que no existen las cosas blancas ni las cosas negras sino solamente distintos tonos de gris y para mostrarnos que lo que se nos aparece del otro lado, el sentido común, no es más que un engaño en el que cómodamente nos arrullamos para convencernos de que las cosas son claras, que se puede vivir la vida sin decir una mentira, que los buenos están de un lado y los malos del otro tanto así que la diferenciación se puede hacer sin complicaciones, que el malo debe recibir un trato justo porque los que son buenos actúan buenamente, que alguien puede ser alto, lindo, fuerte, inteligente, quedarse con la chica que le gusta, ser la estrella rutilante en su lugar de trabajo, gracioso, tener la desconcertante habilidad de que nadie se de cuenta de la doble identidad a pesar de estar siempre con la cara a la vista y, encima, como si todo esto no fuera suficiente, salvar la Tierra y muchos mundos más con el tiempo justo para entregar la nota que va a ser la tapa del diario y llegar a casa para preparar la cena y encender las velas para una cita romántica con la novia.
O tal vez todo esto no sea solo una ilusión y un ideal, sino que sea una realidad concreta. En Kriptón.
Acá en el planeta Tierra la realidad es más al estilo batmaniana, con todos los claroscuros y dudas posibles e imaginables, tanto como los que inspira la figura del hombre murciélago, con todos sus traumas, temores e inseguridades a cuestas.
Yo, por mi parte, disfruto mucho algunas historias de Batman, pero siempre consideré que Superman era un personaje aburrido, tonto y sin ninguna característica que valiera la pena destacar, motivo por el cual jamás pude identificarme con él.
Como resultado inevitable de esto, soy psicoanalista y me encanta la filosofía.

viernes, 7 de octubre de 2016

Deconstruyendo las frases malditas. El sujeto es lo que un significante representa para otro significante.

Todo aquel que se interese por el psicoanálisis, lea a Lacan y, sobre todo, escuche a quienes hablan acerca de su teoría tiene que atravesar el hecho de que estará obligado a enfrentarse con algunas frases que tienen características enigmáticas, ya que son las definiciones que Lacan dio a distintas cosas, pero que están muy lejos de cumplir con lo que normalmente entendemos por una definición. Con esto me refiero a que cuando uno busca una definición es porque quiere encontrar una explicación que le deje claro de qué se está hablando y qué significa un término, esto es lo que pasa cuando uno busca una palabra en el diccionario, por ejemplo, para saber qué significa.
Entre estas frases están la que hoy nos ocupa y también su prima hermana: “el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”, o también: “no hay relación sexual”, “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, “amor es dar lo que no se tiene a quien no lo es” y otras.
Lacan da sus definiciones, pero la sorpresa comienza cuando al leer estas definiciones se produce el hecho de que seguimos sin entender de qué estamos hablando y además se suma el desconcierto acerca de qué diantres significa esa definición. Claro que después de cierto recorrido uno puede llegar a encontrarle un sentido a esa frase y descubre que la definición está bien puesta, pero lo que ocurre es que en ese punto se descubre que la frase no aporta nada nuevo y no suma nada.
Lo sorprendente es que estas frases son repetidas constantemente y uno las escucha muchísimas veces, tanto que dan la impresión de ser una especie de mantra sagrado que debe ser repetida porque es la palabra de Lacan, como si de algo mágico se tratara. Lo peor de todo es que la mayoría de las veces estas frases tan enigmáticas se repiten sin estar acompañadas por una explicación que de cuenta de a qué se refieren, motivo por el cual quedan en la nebulosa de lo que se sabe de memoria y no se entiende muy bien que digamos.
Todo esto recuerda al oráculo de Delfos, del cual se decía que hablaba en un modo hermético, esto es de una forma tan cerrada que nadie entendía lo que decía, daba lugar a confusiones y solo se entendía el sentido exacto de sus palabras cuando se producían los hechos, ante los cuales la predicción cobraba todo su valor, pero ya estaba todo hecho y lo dicho por el oráculo ya no servía para nada. El ejemplo de la vida de Edipo con el asesinato de su padre y el incesto con su madre es un ejemplo perfecto de esto, del cual los analistas no estamos tan alejados gracias a su uso por Freud.
En mi opinión, y es solamente una opinión, una postura que nadie tiene por qué compartir si no está de acuerdo, esto solo sirve para lo que el mismo Lacan llama: “la infatuación”; nosotros diríamos el ego de quien habla, ya que muchas veces al decir cosas que no se entienden parece como si el que habla fuera un gran erudito que domina cuestiones extremadamente complejas a las cuales los oyentes no pueden acceder por culpa de su ignorancia. En realidad, lo más probable es que si se dicen cosas que no se entienden pueda deberse a que quien las dice no sabe hacerse entender. O no quiere.
Pero, en fin, más allá de estas cuestiones, lo que nos convoca es la frase en cuestión y ver cómo se puede pensar para aclarar un poco la oscuridad que la envuelve, así que… allá vamos.
La frase es la definición de lo que es un sujeto y esta definición pone en íntima relación al sujeto con los significantes, más específicamente lo relaciona con dos significantes. Se me ocurre empezar a comentar esto hablando de la teoría básica de Lacan acerca del significante  en la cual ningún significante existe o vale por sí mismo, sino solamente por su relación con otros.
Entre paréntesis, esto le llega a Lacan no solo por de Saussure, sino también tiene ecos de Hegel, quien explica que todo está íntimamente interconectado por todo y la única forma de explicar qué es una cosa es por sus relaciones con todo lo demás. Así yo puedo definirme como hombre, argentino, psicoanalista y demás por ubicarme en relaciones de inclusión y exclusión con categorías de sexo como otros y en oposición a otros, de nacionalidad con las mismas características de oposición e inclusión, de profesión… etcétera.
Entonces es solo por la unión de dos significantes que puede hablarse de significante, ya que uno solo no cumple con esta idea, por eso Lacan habla del S1 y el S2 puesto que sin S2 no puede hablarse de S1 y “si y solo si”, como se dice en lógica, puede hablarse de significante cuando aparece un segundo significante que por resignificación pone en valor a lo que en ese momento se instituye como S1.
Dicho esto es hora de meter al sujeto, que es lo que estamos tratando de definir. La idea de Lacan es que en la unión entre esos significantes es cuando aparece el sujeto, el cual se escribe $, sujeto barrado, y por eso muchas veces se grafica la relación entre estos dos significantes y el sujeto de la siguiente manera:



Esta aparición del sujeto es instantánea y dura lo que un suspiro, pero su existencia es innegable. Una forma clara de mostrarlo es en los lapsus, cuando alguien dice algo que no era lo que quería decir a nivel conciente, pero ese algo se metió en el discurso sin que nadie sepa de donde salió o por qué motivos; en estos casos quien habla es el que primero se sorprende por esa otra palabra que apareció, en caso de que note el cambio. Respecto de la resignificación de un significante por otro, la creación de S1 solo a partir de S2, es claro en el lapsus que solo ante la aparición de una palabra por otra se produce el efecto al que se hace mención y solo ahí uno puede prestar atención a cuales son los significantes involucrados, ya que antes de esto no importaba que alguien hubiera mencionado una las palabras (la que se convertirá en S1) porque está aparecía simplemente como una palabra más sin ningún valor especial y solo a partir de su relación con otra, S2, aparece un efecto distinto al del puro hablar.
Desde el psicoanálisis podemos decir que lo que ocurrió es que en el discurso conciente hubo una ruptura, un corte o, como le gustaba decir a Lacan, una hiancia, una grieta que permitió la aparición de algo que, como decía Freud, proviene de otro escenario,  proviene de lo inconsciente. Eso que irrumpe ahí es el sujeto del incosciente y solamente puede aparecer en relación a dos significantes que pueden corresponder en el lapsus a la palabra que se quiso decir y la otra que efectivamente fue dicha en su lugar. Lo interesante de esto es que en esa grieta del discurso conciente, en la unión de esos dos significantes, aparece el sujeto como portador de una verdad, la verdad en relación a lo inconsciente y, como no, al deseo del sujeto, por lo tanto son tan importantes los lapsus de un  paciente en análisis ya que son un acceso maravilloso a las cuestiones que se están poniendo en juego cuando el paciente habla de… lo que hizo el domingo con la familia o algo por el estilo.
En este sentido, decir que el sujeto es lo que representa a un significante para otro significante puede entenderse en relación a que el sujeto es lo que aparece en la unión de dos significantes porque el sujeto es lo que marca el valor de la verdad que está en juego, verdad según la cual dos significantes se unen en un sentido específico que da cuenta de una verdad del sujeto. En este planteo se muestra que sin esa verdad en juego no habría ningún motivo para que dos palabras se unan y se conviertan en significantes, en ese caso no habría nada que mostrar y no se produciría ninguna formación del incosciente.
Como ejemplo de todo esto, se me ocurre la escena de la serie “Friends”, en la cual uno de los personajes, Ross, está casándose con Emily y ve en la boda a su antigua novia Rachel. Cuando el cura le dice que repita después de él y dice: “Te tomo como esposa, Emily”, Ross dice: “Te tomo por esposa, Rachel”.
Antes de que hablara Ross, “Emily” no era un significante sino que era solamente una palabra como cualquier otra, al igual que “Rachel”, aunque nadie la hubiera pronunciado; la sustitución que hace Ross transforma ambas palabras en significantes; se puede decir que los significantes nacen juntos en pares o no nacen.
Además de esto no es difícil hacer una lectura de cuál es el sujeto y cuál es la verdad en juego en ese lapsus, siempre que tengamos en cuenta que es una serie de TV y las cosas se nos ofrecen de manera muy sencilla, muy distinto de lo que ocurre en la mayoría de los ejemplos de la vida real. Al oír esto es fácil entender que lo que le ocurre a Ross es que al ver a Rachel desearía que fuera ella su esposa y no Emily y fue eso lo que se manifestó inconcientemente a pesar de las defensas de su Yo.
A pesar de no ser psicoanalista, Emily se ofende mucho por esto sin importar cuanto esfuerzo haga Ross para explicar “que fue todo un error sin importancia” y se terminan divorciando. Al final de la serie, Ross y Rachel terminan juntos dando al lapsus de él no solo el valor de verdad que todos (menos Ross) le adjudicamos en el mismo momento en que se produjo, sino también la consagración efectiva y feliz en el amor.

Claro, porque no nos muestran cómo sigue esa pareja, sino eso de que fueron felices habría que ver si es tan así, porque, como dijo Lacan… “la relación sexual no existe”, además de que habría que ver qué entendemos al hablar de que “el amor es dar lo que no se tiene a quien no lo es”, pero esto habrá que explicarlo en otra ocasión.

viernes, 16 de septiembre de 2016

El fantasma en "Pegan a un niño". (2º parte)

Sumando estos dos textos, pensar en una base de fantasías relacionada con el masoquismo empieza a perder esa sensación de extrañeza que puede generarse la primera vez que uno lee en Freud que todos tenemos fantasías de tipo masoquista, lo cual contradice el más evidente sentido común que todos sostenemos en la vida cotidiana argumentando que no queremos saber nada con el dolor y el sufrimiento y que lo único que buscamos es el placer y poder disfrutar. En contra de este sentido común que el psicoanálisis tanto rechaza, Freud muestra cómo el placer y el dolor no son antagonistas sino que pueden presentarse juntos al obtener placer del dolor, tal como se evidencia en el análisis de las fantasías de carácter perverso que tenemos los neuróticos. En “El problema…” Freud destaca que ya en “Tres ensayos…” había dicho que la excitación sexual se producía cuando algún proceso superaba cierto límite cuantitativo, por lo que no sería sorprendente que tanto el dolor como el sufrimiento en general pudieran superar el umbral de cantidad y se convirtieran en excitación sexual. Esto también nos dice que aún cuando haya discutido que el placer y el displacer puedan ser únicamente explicables a través de lo cuantitativo, eso no significa que Freud haya abandonado este tipo de explicaciones para ciertos procesos psíquicos, en este caso, la producción de la excitación sexual.
También hay que hacer notar la estrecha relación que existe entre las fantasías de “Pegan…” y el complejo de Edipo. En principio no hay duda que estas fantasías muestran una relación de tipo erótico entre el fantaseador y su padre, observable en la obtención de placer masoquista a través del contacto físico o de placer sádico al hacerse preferir a un hermano; pero también esta relación puede pensarse en que el masoquismo moral no puede pensarse como algo alejado del Super Yo, el cual representa la conciencia moral y surge de la introyección de las figuras de autoridad más importantes de la infancia del niño, es decir quienes cumplieron para él la función materna y paterna, es por eso que Freud dijo que el Super Yo era el heredero del complejo de Edipo. De esta manera se entiende que al aparecer el masoquismo moral se está poniendo en juego una instancia psíquica que representa la imagen paterna interiorizada por el niño durante el complejo de Edipo y que determina sus exigencias morales.
En la clase 7 del Seminario 4, Lacan destaca que la relación entre síntomas y fantasías es muy estrecha, pero no aparecen así en los relatos de los pacientes, los cuales cuentan sus síntomas que lujo de detalles y se quejan abiertamente de ellos, pero no tienen la misma actitud respecto de sus fantasías, las cuales no son contadas sino en muy pocas ocasiones y con un gran contenido de vergüenza y pudor. La fantasía se disfruta en soledad la mayor parte del tiempo, es un placer masturbatorio. Es por eso que dice que no es lo mismo jugar mentalmente con el fantasma que hablar de él.
 Es importante destacar que la práctica masturbatoria y la fantasía no están originalmente unidos, sino que para esta unión operó lo que Freud llama una soldadura. En “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, Freud destaca que el placer era al inicio de la vida puramente autoerótico, destinado a obtener placer en una determinada zona erógena, y solamente luego es fusionado con la fantasía mediante esta soldadura.
En este seminario, Lacan destaca que lo que no aparece en los relatos de los neuróticos respecto de esas escenas, es decir la situación fantaseada por ellos respecto de por qué pasa lo que pasa, es algo que se encontrará en el análisis de los síntomas y pone como ejemplo en la primera escena fantasear con que el padre le pega al niño odiado por el fantaseador para manifestar su amor a este último o que el padre lo hace porque teme que el fantaseador crea que no es su preferido; estas y cualquier otra forma de armar esa escena es lo que aparecerá representado en los síntomas neuróticos y que Lacan llama el fantasma, se trata de creer o inferir algo de las escenas, lo cual queda como argumento fantasmático y conserva las marcas de los elementos significantes de la relación con el Otro, es decir de atravesar el complejo de Edipo y las fantasías. Lacan dice que son significantes en estado puro, vaciados de su sujeto, sin su relación intersubjetiva.
De esta manera, el fantasma fija una escena, algo que no tiene el decurso de una historia sino que se presenta como instantáneo y que Lacan llama un “recuerdo pantalla”. Se trata de este residuo que queda inmovilizado en el fantasma y que se repetirá en los síntomas neuróticos, se trata así de su soporte y su testimonio.
Según Delgado, cada uno de los neuróticos arma su propia versión de la fantasía de “Pegan…”, la cual es el texto que produce una satisfacción autoerótica envuelta por la fantasía. El fantasma es una forma de transformar en placer lo que Freud ubicaba como el más allá del principio del placer, es decir la pulsión de muerte, que lleva a la repetición constante, y lo hace mediante una escena fantaseada que le agrega una historia a este placer que previamente fue únicamente autoerótico, historia que deja lugar a una inferencia por parte del sujeto acerca de su significado, lo cual quedará como resto y dará lugar a la construcción fantasmática. Esto marca una diferencia notable entre la fantasía perversa y lo que encontramos en la perversión como estructura, en la cual la satisfacción no está en la fantasía sino en el hecho concreto, motivo por el cual se dice que el neurótico encuentra placer en fantasear aquellas cosas en las que el perverso encuentra placer al hacer efectivamente, lo cual dio origen a presentar a la perversión como el negativo de las neurosis.
Cuando el fantasma no puede realizar esta transformación de lo que está más allá del principio del placer en una ganancia de placer se dice que se produce una vacilación fantasmática, el fantasma no cumple con su cometido, algo de eso empieza a fallar por lo que el sujeto pasa a estar en relación con algo de la pulsión de muerte que no es transformado en placer y es en ese punto cuando aparece la angustia que muchas veces lleva a una consulta con un psicoanalista.
En el grafo del deseo, encontramos lo siguiente:


En la imagen destacada dentro del rectángulo encontramos que el punto superior muestra la falta en el Otro, S(A tachada), el significante de la falta en el Otro, lo cual representa lo que ningún neurótico quiere encontrar, lo que siempre se busca ocultar y velar, aquello que produciría una angustia insoportable. Debajo de él aparece el matema del fantasma ($<>a), el cual se encuentra inmediatamente arriba del matema del síntoma, s(A).
Esto puede leerse como que el fantasma se ubica velando la castración del Otro, eso tan angustiante que fácilmente puede articularse con la pulsión de muerte, y esta ocultación de la castración del Otro la logra gracias a una escena que produce una ganancia de placer y que se ve implicada y representada en los síntomas de los cuales el sujeto neurótico se queja, pero en los cuales ya Freud había descubierto una sustitución de la satisfacción sexual y un placer perverso relacionado con el sadismo y el masoquismo.

martes, 6 de septiembre de 2016

El fantasma en "Pegan a un niño". (1º parte)


En el texto “Pegan a un niño”, de 1919, Freud expone tres escenas que aparecen en las fantasías de los niños.

La primera escena: un niño es golpeado por el padre de quien fantasea. Por más que pueda aparecer una mujer como golpeadora o un hombre distinto del padre, siempre hay que tomar a este personaje como el padre o un sustituto del mismo, por lo que en todos los casos debe ubicarse como golpeador al progenitor del fantaseador. Por otro lado, el niño golpeado es un niño odiado por quien fantasea, ya sea el hermano con el cual rivaliza u otro, pero siempre se trata de alguien que cuenta con la enemistad del fantaseador. Respecto de esta escena, Freud destaca que es una escena sádica debido a que el fantaseador obtiene placer al sentir que su padre, aquel que lo ama y a quien ama, ataca a ese niño que tanto detesta y de esa manera le niega su cariño al tratarlo de esa manera violenta y humillante; el placer está puesto en fantasear que el padre ama al fantaseador y que debido a eso ataca a quien es víctima de su rivalidad o desprecio.
Respecto de la situación fantasmática, Lacan en el seminario 4 destaca que es una relación entre tres, ya que se encuentran el agente del castigo, el que sufre ese castigo y el sujeto que fantasea la escena y se ubica como aquel a quien está dirigido el mensaje. Lacan ubica al elemento segundo de esta escena como intermediario entre los otros dos, el agente y el sujeto, diciendo que se trata de un instrumento necesario para la comunicación de un mensaje de amor.

La segunda escena: el niño fantaseador es golpeado por su padre. Respecto de esta escena Freud destaca el hecho de que nunca es relatada por los niños, sino que es una escena silenciosa que debe ser construida en el análisis. Este elemento de “soy golpeado por mi padre” presenta una doble lectura, por un lado esto aparece como un castigo por el placer sádico que experimentó el niño durante la primera escena ante el sufrimiento del niño odiado que era golpeado por el padre y, por otro, el ser golpeado es una representación de ser amado por este padre.
En “El problema económico del masoquismo”, de 1924, Freud destaca un masoquismo erógeno que consiste en obtener placer en el dolor y dice que esta forma de masoquismo da lugar a otros dos tipos, el masoquismo moral y el masoquismo femenino, el primero de los cuales está relacionado con el sentimiento inconsciente de culpa y el otro, con la idea de ser atacado, atado, humillado, etcétera. No se trata de que Freud considere que las mujeres se ubican en esa situación, sino que relaciona este hecho con la condición femenina relativa a la castración, al hecho de soportar el coito y de parir. Se trata de una situación que Freud describe como alguien que busca ser tratado como si fuera un niño malo, lo cual establece una relación clara con la infancia del fantaseador. Respecto del masoquismo moral dice que no tiene tanta relación con lo sexual, sino que solamente importa el sufrimiento propio sin importar si es producido por la persona amada o no. Dice Freud: “El verdadero masoquismo ofrece la mejilla a toda posibilidad de recibir un golpe”.
En relación a estos dos tipos de masoquismo, vemos cómo el hecho de fantasear ser golpeado juega con ambos, ya que la idea de que esto representa un castigo por el placer sádico obtenido en la escena anterior es una forma de satisfacer el sentimiento inconsciente de culpa propio del masoquismo moral, y el hecho de ser golpeado como sustituto del ser amado por el padre es una forma del masoquismo femenino.
Esta segunda escena es claramente masoquista.

La tercera escena: el padre del fantaseador le pega a otro niño distinto del que fantasea, el cual está presente mirando la escena. Es una escena que parece sádica, pero que en realidad es masoquista, ya que el niño golpeado no es más que un representante del fantaseador, por lo cual quien fantasea es el mismo que el que es golpeado.

Estas fantasías de “Pegan…” forman el paradigma de las fantasías que muestran los neuróticos, las cuales presentan la característica de tener un componente masoquista que, a primera vista, resultaría paradójico si nos limitáramos a pensar que el placer y el sufrimiento se excluyen mutuamente, en lugar de reconocer el hecho de que en algunas situaciones pueden ser opuestos y excluyentes, pero en otras situaciones pueden presentarse unidos.
Respecto de esto es fundamental pensar en lo dicho por Freud en 1924 en el texto “El problema económico del masoquismo”, ya que sus ideas previas acerca del masoquismo se ven modificadas de una manera que hace que lo dicho en “Pegan…” pueda ser comprendido de una forma que me resulta más coherente.
Ya en 1915 Freud había escrito “Pulsiones y sus destinos” y ahí había dicho que uno de los destinos de la pulsión era la vuelta a la propia persona, lo cual se comprobaba fácilmente al representar al sadismo volviéndose contra el Yo y convirtiéndose así en masoquismo, lo que lleva a presentar tres pasos consistentes en:

A) Sadismo como violencia hacia alguien.
B) Cambio de objeto, ese “alguien” es reemplazado por el Yo.
C) Cambio de sujeto, el Yo ya no es el ejecutor sino que otro ocupa ese lugar.

Así es como Freud explica el masoquismo en 1915, siendo que nace como sadismo y luego se invierte para convertirse en masoquismo.
Algo muy parecido ocurre con otro de los destinos de la pulsión, la transformación en lo contrario, entendida como el cambio en la finalidad, la cual lleva al sadismo caracterizado como activo a convertirse en masoquismo, tomado como pasivo.
Tal es la idea de Freud en esta época que se ve llevado a afirmarlo de manera específica: “Es muy dudoso que exista una satisfacción masoquista más directa. No parece existir un masoquismo primitivo no nacido del sadismo en la forma descrita”[1].
En este punto hay una llamada al pie que nos dice que en el texto de 1924 Freud hace una modificación a estas ideas, postulando un masoquismo erógeno primario que define como la posibilidad de obtener placer a través del dolor y el sufrimiento; esto le trae problemas a su idea de que el   del placer es el guardián de lo anímico ya que se ocupa de producir placer (entendido como reducción de los estímulos) y reducir el displacer (tomado como aumento de los estímulos) debido a que si hay un placer en el displacer entonces la cuestión económica, es decir de las cantidades no puede ser la única respuesta a la cuestión del placer y el displacer. De esta manera, la comprensión del placer y displacer que Freud traía ya desde “Tres ensayos…” es puesta en discusión por su propio creador.
En relación al sadismo y al masoquismo, Freud pasa a explicarlos desde otra perspectiva y para ello le resulta fundamental servirse de la pulsión de muerte, introducida en 1920 en “Más allá del principio del placer”. Freud explica que la pulsión de muerte es en parte exteriorizada y pasa a convertirse en pulsión de apoderamiento o voluntad de poder, la cual en la medida que se relaciona con lo sexual pasa a ser sadismo; pero también hay una parte de la pulsión de muerte que no se exterioriza, sino que permanece en el cuerpo unida a la excitación sexual y eso es lo que da origen al masoquismo erógeno primario. De esta manera, si bien ambas manifestaciones perversas tienen un origen en común ubicado en la pulsión de muerte, ya no sigue sosteniendo la idea de que uno surge de una transformación sufrida por el otro, sino que nacen de manera independiente entre sí según lo que de la pulsión de muerte es exteriorizado y lo que persiste en el organismo y es por esto que establece una relación de similitud entre masoquismo y sadismo debido a este punto que ambos comparten al inicio de su formación.
Aún así no abandona completamente la idea de 1915 ya que dice que ese sadismo que representa la exteriorización de la pulsión de muerte puede ser introyectado, pero en ese caso lo que se formará es un masoquismo de tipo secundario, el cual puede sumarse al masoquismo erógeno primario, pero esto ya no será lo que haga nacer el masoquismo sino solamente se sumará a él como una forma de refuerzo.
Es decir que “El problema…” nos da la pauta de que sí existe efectivamente un masoquismo primario, lo cual me parece que sirve para tomar las fantasías de “Pegan…” como algo que fácilmente puede entenderse como constitutivo de los neuróticos ya que el masoquismo es un elemento constitutivo del psiquismo humano y una consecuencia inevitable de la existencia de la pulsión de muerte.


Bibliografía:


[1] Freud, S. “Los instintos y sus destinos”, en Obras completas. Losada, Buenos Aires, 1997. Página 2045. Se trata de la traducción de López Ballesteros, la cual traduce siempre “trieb” como “instinto” en lugar de traducirlo como “pulsión”.

miércoles, 13 de julio de 2016

El estadio del espejo.

En este video damos con el Lic. Matías Tavil una lectura posible del texto de Lacan: "El estadio del espejo como formador de la función del Yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica", de 1949.


martes, 21 de junio de 2016

Las cuatro causas de Aristóteles en relación a las prácticas, según “La ciencia y la verdad”.

En ese escrito Lacan ubica cuatro prácticas que se corresponden con las cuatro causas de Aristóteles, se trata de la ciencia, la magia, la religión y el psicoanálisis. También relaciona las primeras tres con conceptos psicoanalíticos en relación con la verdad como causa, de manera que en la magia la verdad la verdad como causa está reprimida, en la religión está negada y en la ciencia está forcluida.
Tal vez suene raro reunir al psicoanálisis con estas otras tres prácticas, podemos pensar que hay una relación entre el psicoanálisis, la magia y la religión porque estos son los tres lugares donde va a consultar la persona que sufre y busca una solución a su malestar. La magia, representada entre otras cosas por el brujo, Lacan habla del chamán, los gualichos, la predicción del futuro con el tarot u otros medios conforman una modalidad de intervenir sobre el sufrimiento de la gente y es a ellos a quienes muchas veces se recurre cuando hay algo que cambiar y no se sabe cómo hacerlo. De la misma manera mucha gente busca respuestas y soluciones en la religión, donde el cura es un intermediario entre quien sufre y Dios, fuente última y absoluta de todas las respuestas y soluciones y a quien hay que rezarle pidiéndole todo aquello que uno desea ya que dependerá de la voluntad de Dios que uno pueda recibir esos favores o no. El psicoanálisis también es una práctica a la cual recurre la gente cuando sufre y no puede entender qué es lo que le pasa o cómo cambiarlo.
La ciencia no entra dentro de esta misma categoría porque no se busca en los momentos de sufrimiento, pero es incluida en la lista ya que el psicoanálisis trabaja con el sujeto de la ciencia, es solo en el occidente de la modernidad posterior a Descartes, también llamado “el padre de la ciencia”, que pudo surgir el psicoanálisis y es con este sujeto sobre el cual opera. Solo porque se desarrolló la ciencia moderna es que Freud pudo crear el psicoanálisis ya que esta ciencia produjo una nueva forma de subjetividad.

Las cuatro causas son tomadas por Lacan, pero de una forma distinta a cómo las tomaba Aristóteles, el propio Lacan dice que entre su interpretación y la del filósofo griego existe solamente una relación de analogía nominal, es decir que comparten la forma de llamarlas, lo cual no impliquen que significan lo mismo.

Lacan empieza por la magia y dice que ahí el saber queda velado para el sujeto de la ciencia, ya que ningún mago, entiéndase por mago todas las formas de practicar la magia, va a develar sus trucos; ningún mago va a decir cómo lee la borra del café, o cómo interpreta las cartas del tarot, o por qué usa tal gualicho en lugar del otro. No parten de una explicación a quienes lo consulta, sino que dan la respuesta buscada sin aportar el saber que justificaría o sostendría la lógica de esa solución. El saber existe en el chamán, pero queda velado y disimulado, por eso se dice que en la magia cae en la represión (Verdrängung). Hay que tener en cuenta que esto esta velado para el sujeto de la ciencia, es decir que no se inscribe en la tradición de la transmisión de teorías de manera académica, sino que entre los chamanes la transmisión se da de otra forma para continuar la tradición de la magia.
En esto el psicoanálisis se diferencia de la magia porque posee un saber que es transmisible, lo cual marca su pertenencia a la tradición de la ciencia, de la cual es heredera en su ambición científica.
La causa eficiente es relacionada con la magia debido a lo que se llama la eficacia simbólica, es decir que el chamán dice algunas cosas y se soluciona el problema, ahí radica la eficacia de la magia; no necesita ninguna efectividad química, física o de ningún otro tipo. Se trata de una definición de tipo estructuralista ya que apunta a cómo funciona la magia, a la eficiencia de su mecanismo.
Esto es explicado en el texto según el efecto que un significante produce en otro significante. De manera que si tomamos la lluvia como un significante, como puede ser si se piensa que la lluvia es un regalo de los dioses a la naturaleza para el riego y a los humanos para su uso, en lugar de tomarla como simple proceso meteorológico de condensación de agua, se puede intervenir con otro significante para producir una modificación y así se hace la danza de la lluvia que actúa como un significante que influye a otro significante, es decir la lluvia. De esa manera la simple palabra del hechizo o fórmula mágica producirá el efecto buscado. Algo parecido al mágico: “abra cadabra pata de cabra” que se muestra como lo que hace que el conejo aparezca dentro de una galera que antes estaba vacía. Lacan dice que “el significante de la naturaleza es llamado por el significante del encantamiento” en lo que se muestra como una sustitución metafórica.
Se trata de la misma eficacia simbólica con la que opera el psicoanálisis, solo que ambos presentan la diferencia de la posibilidad de transmisión de ese saber.
En relación a esto, Lacan menciona a Levy Strauss, pero le critica que deja por fuera al sujeto. En la magia el chamán, de carne y hueso, está en la naturaleza y con él coincide el sujeto de la magia, sujeto del lenguaje porque es solo por el significante que puede intervenir e interferir en la naturaleza.
Define la magia en relación a la ciencia diciendo que es falsa o disminuida, es decir que aparece como una falsa ciencia o como una ciencia disminuida. La magia en relación a la ciencia no es más que una sombra, pero no lo es para el sujeto sufriente que busca en ella respuestas y soluciones.

Respecto de la religión, también adopta un enfoque estructuralista. Al igual que la magia es definida como sombra de la ciencia, pero tiene la particularidad de ser lo que entra en conflicto con ella. La religión presenta los mecanismos que se encuentran en la neurosis obsesiva y en ella se produce la negacion (Verneinung), la desmentida de la verdad como causa; Lacan dice que se: “deniega lo que funda al sujeto para considerarse en ella como parte interesada”. Lo entiendo como que la religión no toma en cuenta al sujeto y la verdad que de él parte, ya que la única causa y la única verdad provienen de Dios, esto impide que el sujeto tenga una relación directa con la verdad y la única posibilidad de relacionarse con esta “bendita” verdad es poder comprender cual es la verdad que Dios entrega a los seres humanos. Es por esto que el sujeto se ve obligado a buscar en Dios la causa de su deseo en lugar de hacerlo en sí mismo.
En la religión, la verdad aparece como causa final debido a que está pensada en relación al juicio del fin del mundo. Creo que acá también se toma la causa final de una forma distinta a cómo la pensaba Aristóteles y, más allá de algunas semejanzas en relación al fin por el cual que se hacen las cosas, no significa lo mismo para uno y para otro.
Alfredo Eidelsztein dice en su seminario acerca de “Posición del inconsciente” que Lacan ubica en la idea cristiana de la Santísima Trinidad el punto que rompe con la lógica, lo que rompe la razón, que justamente eso fue puesto para demostrar que la religión no estaba dentro de la misma tradición lógica de la ciencia y que no se trataba de entender racionalmente, sino de creer gracias al poder de la Fe. Explica que San Agustín, en su libro “De Trinitate” aconseja desconfiar de aquellos que se extravían en los caminos de la razón; cosa que se cumplió perfectamente en casos como el de Galileo, cuando al presentarse una incompatibilidad entre la razón y la Fe se anulaba la razón y se sostenía indiscutidamente la Fe.

A continuación, Lacan habla de la ciencia y se excusa de dar explicaciones acerca de la estructura de su relación con la verdad, solo se habla de lo que define como una “observación extraña” que dice que con la verdad como causa la ciencia no quiere saber nada, lo cual relaciona con la forclusión (Verwerfung). Después de esto indica que en la ciencia la verdad como causa actúa como causa formal, pero no explica por qué o a qué se refiere.
En la ciencia hay un saber que es comunicable a diferencia de lo que ocurre en la magia y la religión, pero la comunicación de este saber sutura al sujeto en cuestión, es el llamado “sujeto de la ciencia”, esta sutura es el procedimiento opuesto al de corte, con lo cual esta sutura del sujeto de la ciencia viene a eliminar la barradura, la división del sujeto. El saber de la ciencia produce esta sutura porque busca existir fuera del sujeto, se busca que las cosas puedan demostrarse por experimentos o leyes que no dependan para nada de quién los lleve adelante. Es por esto que la ciencia forcluye la verdad como causa, ya que de la verdad del sujeto nada quiere saber. El ejemplo que se da de esto es que si un paciente le dice al médico que le duele algo y el médico hace estudios y no encuentra nada entonces ya no se preocupa más por ese dolor, esa verdad expresada a través del dolor del sujeto sufriente, sino que le dice que no tiene nada. En el mejor de los casos le aconsejará consultar con un psicoanalista, en el peor caso le dirá que se vaya.
En psicoanálisis no se interviene desde esa lógica de la sutura sino que se postula el “pas de savoir”, el cual plantea un saber paradójico que puede ilustrarse topológicamente con la banda de Möbius, ya que ese saber está relacionado con un no saber. Es por esto que el analista no sabe lo que le pasa al paciente, no sabe con qué cosas está asociado cada uno de los elementos del sueño que le acaba de narrar, no sabe qué está produciendo sus síntomas, etcétera. Pero al mismo tiempo existe un saber en el psicoanálisis, el cual es heredero de la ciencia moderna y es comunicable.
De esta manera puede decirse que el psicoanálisis no es una ciencia, pero la psicología sí lo es ya que no opera desde la posición de “pas de savoir”.


El psicoanálisis produce una originalidad en la ciencia al ubicarse en relación a la causa material en la forma de la incidencia significante, se trata de la función y el efecto del significante como algo diferenciado de la significación y del signo. Cuando se habla del sujeto y del significante se está hablando de algo muy distinto que lo biológico, el sujeto de la comprensión, la evolución y desarrollo de la historia vital de una persona; la historia como recolección de hechos ocurridos en la historia de una persona viene a formar lo que muchas veces se llama “el cuentito”, que es justamente con lo que el analista no debe conformarse y que actúa como una amenaza que puede impedirle cumplir con su función de la escucha analítica. De lo que se trata en psicoanálisis es del sujeto del significante.