viernes, 21 de julio de 2017

La existencia auténtica y la inauténtica en Heidegger.


Dice José Pablo Feinmann en “La filosofía y el barro de la historia”, página 358:

“El Dasein no es la conciencia. No es el sujeto kantiano. Es un ente existencial. El sujeto kantiano no era un ser para la muerte. El Dasein, sí. La experiencia del Dasein no es cognoscitiva. Su “estado de-yecto” no tiene amparo es, ya, culpable y “cae”, además, en un mundo en el que deberá elegir (…) entre las “habladurías”, la “avidez de novedades”, la “ambigüedad”, en suma, en que deberá elegir si quiere ser en la modalidad de “estado de interpretado” o empezará a decir sus propias palabras. Aquí hay, según vemos, una búsqueda de un “lenguaje auténtico” que el Dasein, que es “hablado” por el se, tiene que apropiarse de sí, y tendrá que lograrlo, sobre todo, atreviéndose a anticiparse a-sí-mismo (…) y eligiéndose como una totalidad al asumirse como ser para el fin.”

Lo primero que aparece es la diferenciación que tiene la concepción del sujeto tal como la entiende Heidegger de cómo la entendía Kant, ya que para Kant el sujeto estaba basado en sus posibilidades de conocimiento, tanto que la pregunta acerca de si se podía pensar en postulados sintéticos a priori era fundamental para entender cómo conocía el ser humano el mundo que lo rodeaba. Heidegger, con su concepto del Dasein, parte de otro lado, se trata del ser humano como un ser que inevitablemente va a morir y eso plantea una diferencia fundamental, ya que su vida estará regida por la idea de la muerte, el ser para la muerte, un planteo existencialista, y no por la pregunta del conocimiento.
El Dasein, que en alemán significa el “ahí” (Da) del “ser” (sein), es este ser humano que está en el mundo y se pregunta por el ser, pero también tiene que tomar una decisión respecto de cual va a ser su actitud en este mundo en el cual se encuentra arrojado.
En esta cita aparecen dos posibilidades, que son las que podemos llamar la existencia auténtica y la inauténtica. Claramente la inauténtica es más fácil, pero para algunos es absolutamente insatisfactoria y no puede ser concebible ni siquiera como una opción. El que la rechaza tiene, al menos, un poco de filósofo.
La existencia inauténtica es aquella que se deja llevar por las habladurías, lo que la gente dice, lo cual Heidegger menciona también cuando habla del “das man”, es decir el “se”, como en este texto, según en cual la gente determina que “se” debe leer tales libros, “se” debe hacer tales cosas, “se” debe pensar de tal manera, etcétera. Esto lleva directamente a estar ubicado en el estado de interpretado, en el cual uno ya no piensa por sí mismo, sino que solamente repite lo que otros dicen, o hace lo que otros hacen bajo la idea de que eso es “lo que hay que hacer”, y de esa manera ya no piensa en su propia conducta, no se pregunta por su ser, por su identidad, por sus intereses ni por nada de lo que lo atañe ya que simplemente se deja llevar por lo que le dicen que se debe hacer.
Es ciertamente mucho más fácil hacer lo que otros dicen, alivia todo el peso de tener que pensar por uno mismo y tomar las propias decisiones teniendo que enfrentar las consecuencias de lo elegido, pero también provee una existencia muy chata, muy pobre, en la cual uno queda a merced de lo que el otro diga sin mayores posibilidades de introducir ahí una palabra propia, que apunte en dirección a seguir el camino del propio deseo.
Este es el camino que muchos eligen, pero no todos eligen eso.
Como lo dice el texto, hay una elección que hacer, una decisión que tomar respecto de esto; claramente puede pasar desapercibida esta decisión por no tratarse de un momento conciente o voluntario, pero muchas otras veces sí es totalmente claro el momento en que uno dejó de obedecer el “se” y pasó a tomar decisiones por su cuenta. Esta actitud distinta es la auténtica, la cual implica tomar una palabra propia, un “lenguaje auténtico” gracias al cual nos separamos del “das man” y podemos empezar un camino nuevo, elegido por nosotros y sin estar pegados a lo que se nos dice que es lo correcto.
Obviamente, esto no implica cortar relaciones con el resto del mundo, ni alejarse a una isla desierta, simplemente no ser esclavo de los dichos de otros.
¡Pero qué difícil que es transitar ese camino a veces! Sartre decía en este sentido que el ser humano está condenado a ser libre, incluso en este punto que describe Heidegger se debe elegir por la existencia auténtica o la inauténtica, con total libertad, sin poder echarle la culpa a nadie por la elección tomada. Todo el peso de las decisiones tomadas por fuera de lo que los demás nos dicen que tenemos que hacer recae sobre uno mismo y hay que afrontar lo elegido, sea lo que sea.
No cualquiera puede hacerlo, no es tan sencillo como todos esos dichos acerca de que “uno tiene que ser uno mismo” y toda esa pavada que no dice nada. Al final de cuentas, todos (o tal vez casi todos) creemos estar totalmente del lado de la existencia auténtica, eligiendo lo que queremos por nuestros propios intereses, pero claramente eso no es tan así, la dirección de masas es un juego para las publicidades, las propagandas políticas, los elementos de la cultura popular y tantas otras cosas más. Cuantas veces podemos pensar que alguien que dice hacer todo por sus propias ideas no está más que repitiendo lo que todos a su alrededor dicen, pero, a diferencia de Sócrates, esa persona no está advertida de su propia ignorancia y cree ser el más sabio de Atenas. O de donde viva.
No es fácil asumirse a uno mismo como ser para el fin.


¿Será que somos seres auténticos, cada uno de nosotros, o inauténticos engañados por quienes dicen lo que hay que hacer?

viernes, 14 de julio de 2017

Freud y la histeria. Clase 7: El caso Dora (3º parte).


Este es la tercera y última parte del video acerca de Dora, con este video cierro la serie dedicada a la histeria en la obra de Freud sin por eso abarcar todo lo que se puede decir sobre el tema.

viernes, 7 de julio de 2017

Algunas cuestiones acerca de la dialéctica hegeliana en Lacan.

Este texto surge de la lectura del libro de Jacques-Alain Miller llamado “La angustia lacaniana”, en realidad, esta lectura me produjo más preguntas que seguridades, las cuales explico en el punto “Controversia”, al final del texto.
Quería empezar por algo que aparece bastante antes del punto central, para poder armar la argumentación de a poco, tratando de dejar la menor cantidad de cabos sueltos que me sea posible.
Empiezo entonces por la explicación que da Miller acerca de uno de los valores que tiene la angustia en este seminario. Dice en la página 21:

“Respondamos de entrada que la angustia que elige Lacan, la angustia lacaniana, es una vía de acceso al objeto a”.

De manera que Miller ubica que la angustia es, para Lacan, una forma que le permite llegar a plantear lo que es el objeto a, elemento que fue nombrado por su mismo creador como “su única invención en psicoanálisis” y que formalizó solamente a la altura del seminario 10, llamado “La angustia”, justamente a través de esta vía. En este sentido se marca claramente una relación entre la angustia y el objeto a.

Sigue Miller:

“Se la concibe como la vía de acceso a lo que no es significante. Debemos decir que la angustia como tal no es significante”.

La angustia, entonces, queda fuera de lo significante, es decir que está por fuera de lo Simbólico. También sabemos que el objeto a tampoco está dentro de ese registro, sino que ambos pertenecen a lo que no puede ser simbolizado, ambos pertenecen al registro de lo Real, lo no nombrable ni imaginarizable. Justamente este es el seminario donde el registro de lo Real queda constituido como aquello imposible y muchas descripciones más, mientras que hasta este momento Lacan había tomado lo Real como si fuera la realidad. Por supuesto que no se puede decir que esta idea acerca de lo Real aparece en este seminario, previamente habían aparecido elementos en la enseñanza de Lacan que hablaban de lo Real como algo distinto de la realidad; se me ocurre en este momento pensar en lo que dice en el seminario 2 acerca de la garganta de Irma en el análisis que hace del sueño de la inyección de Irma, donde dice que eso haría despertar a la mayoría, pero que Freud sigue durmiendo porque tiene coraje. También habla en este sentido de lo Real en el seminario 7, cuando dedica dos clases a tratar el tema del “Das Ding”, la Cosa, y seguramente hay más referencias. Ocurre que en este seminario Lacan formaliza este registro y le da el estatuto que nos fue enseñado desde que entramos en la facultad (por lo menos a mí) y lo hace por la vía de la angustia y el objeto a.
Continúo, entonces, con lo que aparece en la página 28:

“Se descubre, en efecto, que el punto de vista neohegeliano que al comienzo parece ocupar la escena da lugar a algo que no se presta a la dialéctica, aunque el significante subsista en Lacan”.

Es así como Miller describe que al comienzo de la enseñanza de Lacan la dialéctica tomada de Hegel tenía un valor importante, pero ahora la angustia y el objeto a aparecen como algo que ya no puede ser explicado por medio de esta dialéctica, son elementos de la práctica clínica que no pueden ser ignorados ni pasados por alto y que muestran un límite a la dialéctica, ya que ésta no puede explicarlos, no puede dar cuenta de ellos. De esta manera, la dialéctica que antes le servía tan bien a Lacan ahora se muestra como insuficiente. Es comprensible que anteriormente la dialéctica hegeliana le haya servido mucho a Lacan ya que, como lo muestran estas palabras, esta dialéctica está muy asociada con el registro de lo Simbólico, el cual fue fundamental para Lacan hasta el seminario 5 o 6 aproximadamente y era considerado el registro primordial. Luego esta primacía de lo Simbólico empieza a decaer hasta llegar al seminario 10 en el cual Lacan, me animo a decir, destrona definitivamente a lo Simbólico del lugar privilegiado que ocupaba anteriormente al presentar la angustia y el objeto a como elementos por fuera de ese registro y que elevan la importancia del registro de lo Real.
Así como mientras lo Simbólico era lo fundamental la dialéctica hegeliana ocupaba un lugar de gran importancia, cuando esta primacía cae ocurre hasta como inevitable que tenga que producirse alguna modificación en la posición respecto de la dialéctica ya que pasa a no ser capaz de explicar todo.
Pero aún así el significante subsiste en la teoría de Lacan, ya que el hecho de que lo Simbólico haya dejado de ser lo fundamental de la teoría y ahora lo Real también cobre una enorme importancia que antes no tenía, no significa que Lacan renuncie a lo Simbólico, ni al significante, ni nada por el estilo. Se trata de un cambio en la teoría por el cual la importancia que tenía antes lo Simbólico deja de ubicarlo como el registro crucial y la importancia de lo Real aumenta significativamente. Es un cambio que de ninguna manera implica una reformulación completa de toda la teoría, ni el abandono de conceptos fundamentales, ni nada de eso.
Por eso agrega Miller en la página 30:

“Aunque lo señala rápidamente, es cierto que lo que llama angustia connota el pasaje de la realidad a lo Real, y, de este modo, es correlativo de un desfallecimiento del significante”. (Las mayúsculas para “Real” son mías).

Es lo mismo que Freud hizo varias veces al modificar su teoría, escribiéndolo manifiestamente con todas las letras, solo que Lacan no marca el cambio sino que sigue adelante dejándonos a nosotros la tarea de darnos cuenta que lo que dice en el 10 es distinto de lo que decía antes.
Vale introducir un comentario que aparece anteriormente en el libro, en la página 12, que a la luz de lo dicho aparece como su refuerzo y aporta esclarecimiento:

“La angustia finalmente es un camino alternativo a la Aufhebung hegeliana. El resto es lo que no se presta a la dialéctica, lo que no se presta al significante; es el resto como absoluto, ante el cual toda Aufhebung se torna impotente”.

Primero que nada, la “Aufhebung” es como Hegel denomina el tercer momento de la dialéctica, la “negación de la negación”, que se ha traducido simplificadamente como la “superación” o la “síntesis”. Esto significa el momento en el cual los dos tiempos lógicos anteriores producen un nuevo momento que no suprime los anteriores, sino que los conserva aún superándolos. En este libro, Miller lo usa como sinónimo de la dialéctica hegeliana.
De manera que la angustia es una alternativa a la dialéctica, no está en su mismo sentido y, por lo dicho anteriormente, podemos decir que hasta se le opone, como ya retomaré con palabras del propio Lacan. La angustia, como Lacan la plantea, es un camino que lleva directamente al objeto a, el cual es ese resto del que habla Miller que no puede de ninguna manera ser recubierto por lo Simbólico. Es así como lo Simbólico, y por lo tanto también la Aufhebung, se tornan impotente ante él.
Sigue Miller en la 29:

“Sabemos que este seminario de La angustia es una puntuación del resto, pero hay que entender que el resto se lleva aquí a lo absoluto, y que absoluto quiere decir separación respecto de la dialéctica”.

Miller refuerza la idea de que este resto al que se llega a través de la angustia postula una separación respecto de lo Simbólico, de la dialéctica.
Y agrega a continuación:

“El resto obstaculiza entonces la dialéctica y la lógica del significante, en el sentido de que permanece insoluble, no se lo puede resolver ni disolver. Desde esta perspectiva, la función del resto es antinómica del Aufhebung, que era la clave de la enseñanza anterior de Lacan”.

Si bien queda claro que Miller está oponiendo este resto, el objeto a, a la dialéctica y que no lo inventa él sino que lo toma de las propias palabras de Lacan, como después veremos, también es cierto que se plantean ciertas preguntas respecto a esto, las cuales voy a tratar posteriormente en el punto llamado Controversia.
Miller continúa en la misma página y en el mismo sentido:

“Él recurre a  la angustia como una alternativa con respecto a la Aufhebung, para captar lo que escapa a toda Aufhebung, para captar lo que no es significable, el resto de toda significación”.

Y después hace una referencia a la última clase del seminario 10, donde Lacan plantea la duda acerca de cuál es la forma correcta de abordar lo Real.

“¿La vía del concepto? ¿La vía Simbólica? ¿O es la vía que abre la función de la angustia? En su extravagancia, si se quiere, en la extravagancia que lo sostuvo, este seminario está dominado por <la angustia o el concepto>. Y hay una renuncia a la vía del concepto”.

Es decir que para abordar lo Real hay que elegir entre dos caminos, uno es el del concepto, lo Simbólico, y el otro es el de la angustia, siendo que no se puede mediar ni matizar la cuestión ya que hay que elegir entre uno y el otro.
Esto está en Lacan, ya que en la página 360 del seminario 10 (Buenos Aires, Paidós, 2011) dice, describiendo el cuadro que aparece desde el inicio del seminario y de a poco va completando:

“Abajo a la derecha, sigue estando la angustia, aquí en tanto que enmascarada. En el lugar del embarazo, lo que llamaremos legítimamente el concepto de angustia”.

El lugar del embarazo está ubicado arriba a la derecha, como aparece en la página 88 del mismo seminario. De manera que aún estando ambos a la derecha, Lacan escribe “concepto de angustia” arriba y “angustia” abajo. Es decir que los ubica como cosas distintas, uno se trata de un concepto, el cual está del lado del registro Simbólico, mientras que lo otro es un afecto que no implica ningún concepto ni el registro Simbólico.
Sigue Lacan:

“No sé si se dan cuenta del todo de la audacia que aporta Kierkegaard con este término. ¿Qué puede querer decir esto, salvo que la incidencia verdadera sobre lo real es, o bien la función del concepto según Hegel, o sea, la incidencia simbólica, o bien la que nos da la angustia, única aprehensión última y en cuanto tal de toda realidad – y que hay que elegir entre ambas - ?

Es ahí donde Lacan hace la pregunta mencionada por Miller acerca de cuál es la vía verdadera de acceso hacia lo Real, siendo una posibilidad el concepto, según Hegel, es decir la incidencia Simbólica o, por el contrario y de forma imposible de articular con la anterior, la vía de la angustia. Es imprescindible elegir y es claro que Lacan eligió la vía de la angustia.
De esta última clase del seminario 10, fechada el 03 de Julio de 1963 saltamos a la clase única del seminario de “Los nombres del Padre”, del 20 de Noviembre del mismo año, solamente 4 meses después, donde Lacan dice:

“Pero sean cuales fueran los efectos de prestigio de la dialéctica hegeliana que entró por Marx al mundo (…) la dialéctica hegeliana es falsa y refutada tanto por la observación de las ciencias de la naturaleza como por el progreso histórico de la ciencia fundamental, o sea de las matemáticas”.


Controversia.

Trabajando el tema se me ocurrió una cuestión que puede dar lugar a preguntas que no se me habían ocurrido antes, y ya me dirán los demás si coinciden con estas dudas, tienen otras o, por el contrario, tienen alguna explicación para lo que yo voy a plantear como dudas que el día de hoy no sabría resolver.
El problema se me aparece cuando pienso en la unión tan grande que el mismo Lacan propone en esa cita del seminario 10 entre el concepto según Hegel y el registro de lo Simbólico, ya que si el objeto a y la angustia presentan objeciones tan grandes a esto que llevan al punto de decir que el planteo de Hegel es falso, ¿entonces eso significaría que Lacan está diciendo que la teoría del significante y del registro de lo Simbólico también es falsa?
Entiendo que respecto de esto se puede plantear la objeción de que si tenemos A (la dialéctica hegeliana unida a la teoría del significante) que determina B (la teoría lacaniana en general) y decimos que A es falso entonces es inevitable que B tenga que caer y de esa manera nos quedaríamos con que los planteos lacanianos están destruidos por las mismísimas palabras del propio Jacques Lacan.
Claramente esto es un absurdo ridículo, de manera que la explicación tiene que ser otra.
Pero es justamente esa otra explicación la que yo hoy no puedo encontrar, porque más allá de cualquier lectura que podamos hacer de los textos de Lacan, la última frase citada de Lacan, por lo menos a mí, no me deja dudas de que Lacan dice estar rechazando radical y definitivamente la dialéctica hegeliana.
¿Entonces? ¿Qué se puede responder a esta controversia?
Se me ocurren opciones, posibilidades, las cuales me ofrecen cierto porcentaje de aceptabilidad, pero no puedo plantearlas de ninguna manera como la respuesta definitiva.

Posibilidad 1: si bien Lacan establece una relación entre la dialéctica hegeliana y el registro de lo Simbólico, esto no significa que sean exactamente lo mismo. Tal vez lo que Lacan postula es que lo que Hegel definía como la dialéctica, Aufhebung, es algo que debe ser incluido en lo Simbólico, pero sin hacer una igualdad punto por punto de uno con el otro. De esta manera puede pensarse que la dialéctica sea algo que está inscripto en lo Simbólico, sin ser el registro Simbólico propiamente dicho y, por lo tanto, perfectamente se puede pensar en la posibilidad de descartar ese elemento sin que eso signifique que hay que anular completamente todo el registro que lo incluye.
Según el razonamiento anterior, la A que determina a B ya no sería la dialéctica, la cual es solamente reducida a un elemento de A, en este caso A sería lo Simbólico y así se podría sostener A, lo Simbólico, determinando a B; solo que este A ya no sería el mismo porque ha perdido su valor preponderante, disminución de su valor en la cual perdió, entre otras cosas, el elemento “dialéctica”.
Tomando esta posibilidad, Lacan rechaza la dialéctica hegeliana, sostiene lo Simbólico y no necesita reformular su teoría.

Posibilidad 2: la dialéctica hegeliana y el registro de lo Simbólico son lo mismo y, por tanto, es imposible rechazar uno conservando el otro y teniendo en cuenta que Lacan nunca rechazó lo Simbólico hay que aceptar que tampoco rechazó nunca la dialéctica. ¿Cómo se puede entender, entonces, que nunca haya rechazado la dialéctica cuando dice claramente que esta dialéctica es falsa? Esto podría entenderse por el estilo argumentativo de Lacan, el cual siempre fue provocador y lo llevaba a decir cosas de una manera muy particular.
Así podría entenderse que se deja llevar un poco al reducir el papel principal de lo simbólico y lo presenta como una renuncia definitiva respecto de la dialéctica hegeliana, lo cual no sería más que un exabrupto lacaniano respecto de una dialéctica que, por lógica imprescindible, no puede rechazar realmente.
Así, A como determinante de B no ha cambiado en lo más mínimo, solo que Lacan exageró en lo que decía.

Seguramente existan más posibilidades, a mí hoy se me ocurre esto y claramente no me convence ninguna en forma definitiva, por eso las presento como posibilidades, y tampoco puedo aceptarlas a ambas.

Esta cuestión al día de hoy, después de hacer la publicación, trabajar el texto de Miller y los dos seminarios nombrados de Lacan, está para mí, como diría Freud, non liquet.

viernes, 30 de junio de 2017

Pensar el psicoanálisis.


Quería comentarles por este medio que creé un grupo de Facebook al cual llamé: “Pensar el psicoanálisis”.
Las reglas son muy simples, ya al entrar se encuentran los “Postulado de principios del grupo”, donde dice que este es un espacio para debatir acerca del psicoanálisis, su práctica y su teoría, espacio en el cual no haya maestros y alumnos, sino que todos podamos hacer nuestro aporte desde el lugar donde estemos para crecer y hacer crecer. En este espacio se puede decir lo que se piensa, hacer preguntas, armar ideas y demás planteos entre todos los que tengamos ganas de participar.
Toda publicidad, tanto personal como acerca de cursos, seminarios, conferencias y otros no están permitidos, en todo caso, si interesa el tema, se puede postular una pregunta o comentario acerca de ese tema.
Las publicaciones "viejas" no son tema cerrado, son posibilidades de participar aún hoy, y mañana y pasado y...
Para aquel que esté interesado en participar, dejo el vínculo: https://www.facebook.com/groups/1756812107904218/

Sean todos bienvenidos.

lunes, 26 de junio de 2017

Freud y la histeria. Clase Nº 7: El caso Dora (2º parte).


Esta es la segunda parte del video dedicado al caso Dora, donde entramos a lo que ocurrió entre ella y Freud en sus sesiones y lo que fue armándose del caso así como también el obstáculo más grande con el cual Freud no dejaba de chocarse.

martes, 13 de junio de 2017

Freud y la histeria: El caso Dora (1º parte).

Primera de tres partes en las que dividí mi comentario acerca del caso Dora con el cual termino la serie acerca de la histeria en Freud, sabiendo que queda todavía mucho para decir acerca del tema.

Dentro de poco, la segunda parte.

lunes, 5 de junio de 2017

Freud y la histeria. Clase Nº 6: Isabel de R

En este video repaso lo que me resultó más interesante del último de los historiales que Freud nos brinda en “Estudios sobre la histeria”, se trata de Isabel de R., también conocida en alemán como Elizabeth von R.