sábado, 15 de abril de 2017

Taller de Introducción al psicoanálisis.

Quería invitar a todo el que esté interesado en participar del taller donde revisaremos las cuestiones fundamentales del psicoanálisis desde sus inicios.
Este taller tiene la intención de ofrecer una entrada a las teorías más importantes del psicoanálisis, para la cual no es necesario ningún conocimiento previo. La propuesta busca partir de los orígenes mismos de la práctica en las ideas que Freud fue desarrollando al comienzo de su clínica para luego ir transitando el camino realizado por él hasta llegar a las ideas más elaboradas de la teoría psicoanalítica.


lunes, 3 de abril de 2017

Deconstruyendo las frases malditas: la relación sexual no existe.


Fiel a su costumbre de decir las cosas de la manera más complicada y estrambótica posible, Lacan nos tira esta frase que, como todas las demás, produce un efecto inmediato de sorpresa y conmoción que, en mi opinión, era el efecto buscado en gran parte de estas cosas que hacía Lacan para producir justamente eso, sorpresa y conmoción, entre otras cosas.
Para peor aún, esta frase no viene presentada como una sucesión de términos difíciles de entender ante los cuales uno queda paralizado porque no conoce bien esos términos y mucho menos la relación que se establece entre ellos; éstos, por el contrario, no tienen nada de complicado y son palabras que usamos todos los días sin mayor profundidad teórica, pero su resultado es desconcertante.
La primera vez que se escucha esta frase uno se ve tentado de responder: “Sí que existe, yo justamente hace dos noches… No, mejor no cuento cuestiones personales”. Ocurre que cuando Lacan dice “relación sexual” no lo toma como lo podríamos tomar cualquiera de nosotros en una conversación habitual en cualquier restaurante, sino que lo toma como si fuera un concepto y ahí tenemos que estar advertidos de qué significa dicho concepto, porque teniendo en cuenta que un concepto sea tomado en un sentido u otro es que se puede decir una cosa u otra acerca de él.
 De manera que no nos es posible pensar de qué está hablando Lacan cuando dice esto si no descubrimos a qué se refiere cuando habla de esta relación sexual, la cual claramente no tiene nada que ver con el coito, la unión de los genitales, ni nada que pueda aparecer en una película XXX, esa vendría a ser la acepción de “relación sexual” que nosotros pensamos inicialmente, pero no es la usada en esta frase. De ser así no tendría ningún sentido.
Al hacer mención a esta situación, Lacan se está refiriendo a la relación que puede establecerse entre dos personas, las cuales pueden llegar a estar enamoradas mutuamente, pongamos por caso, y decir cosas como que están hechos el uno para el otro, que van a vivir felices para siempre, que son dos medias medallas (o media naranjas) que se unen y forman una completud, porque “vos me completás” y muchas cosas más. Justamente es esta situación la que Lacan critica diciendo que no existe, es decir, esa fabulosa interacción entre dos personas que produce una especie de encastre perfecto es la que es tirada a la basura por esta frase.
Siguiendo la lógica de Lacan, es imposible que haya esa combinación perfecta entre dos seres cuando esos mismos seres, cada uno de ellos, es ya de por sí un ser fallado, barrado, en falta, $. Pensándolo lógicamente, es imposible que una persona pueda completar al otro cuando ya cuenta con una falta en su propio ser, para decirlo apelando a cierta ontología.
Las relaciones entre los seres humanos pueden ser muy buenas en el mejor de los casos, pero esa idea romántica del amor infinito, como nos muestran los cuentos de hadas acerca del destino de eterna felicidad del príncipe y la princesa, el cual nunca se ve afectado por nada es claramente una ilusión. Si nos siguieran contando la historia de cómo siguió ese matrimonio, seguramente veríamos la neurosis tanto de la hermosa princesa como del valeroso príncipe.
Es también una crítica al mito del andrógino, nombrado por Platón en “El Banquete”, acerca de dos personas unidas en un solo ser, que fueron separadas por el rayo de Zeus y pasan toda su vida buscando a su otra mitad para volver a estar completos.
La frase de Lacan vendría a ser una forma de instaurar la castración de todas las parejas, diciendo que lo mejor que puede pasar es que se lleven muy bien, pero será inevitable que haya roces y discusiones y no podrá tener jamás una relación eternamente armónica.
Sepámoslo, toda pareja está barrada.
Claro que la idea de la relación sexual como imposible de lograr no tiene que ver solamente con parejas románticas, como la sirenita Ariel y el príncipe Eric, sino que esto se puede aplicar a todo tipo de relación entre personas, de manera que podemos hablar en los mismos términos de la relación de padres a hijos, jefes y empleados, amigos de todo tipo, vecinos y cualquier situación donde dos personas tengan alguna interacción, por lo que aún cuando nos llevemos muy bien con alguien, en algún momento tuvimos (o tendremos) ganas de atravesar su muñequito vudú con agujas al rojo vivo, aún cuando no creamos en la macumba, por lo menos para fantasear que el otro pague por eso tan feo que nos hizo.

O bueno, sin llegar a tanto, tal vez, por lo menos tendremos algún que otro contratiempo con las formas y modos del otro (con minúscula).

lunes, 13 de marzo de 2017

Deconstruyendo las frases malditas: el amor es lo que permite al goce condescender al deseo (o, más claro: “no hay pérdida de goce”).


Esta frase la dijo Lacan en el Seminario 10, si no me equivoco, y puede ser que no sea textual, copia fiel del original, pero esa es la idea que transmite y no me interesa ser tan técnico en la transmisión de estas cuestiones, creo que es mucho más interesante la posibilidad de conversar acerca de estos temas sin la obligación de aferrarse dogmáticamente a los cánones de exactitud, los cuales muchas veces sirven más a los efectos de limitar y reducir las posibilidades que de ampliar el horizonte que nos ocupa. Así que creo que lo dice en el Seminario 10 y es más o menos así. Lo importante es ver qué podemos sacar de eso y para qué nos puede servir, en lugar de fijarse obsesivamente cuales fueron las palabras de Lacan y repetirlas incansablemente sin tener mayor idea de qué estamos diciendo.
Esta frase me vino a la memoria en una clase donde se discutió acerca de la famosa y tan repetida “pérdida de goce” en todas sus formas de presentación: reducir el goce, acotar el goce, disminuir el goce y muchas otras que se repiten constantemente en la cual parecería que el goce es algo que hay que hacer desaparecer o, al menos, reducir lo más posible.
En esto estaríamos actuando como ya lo hacía el primer Freud, hablando de cantidades que puede ser aumentadas y reducidas, a las cuales ya en el viejo Proyecto de una psicología para neurólogos había denominado Q. Así el goce sería algo que puede reducirse hasta cierto punto, nunca del todo, y tendría como efecto lo mismo que cualquier reducción de cargas en el modelo freudiano, es decir reducir el displacer para que haya mayor cantidad de placer.
Bueno, no, esto no es así y creo que es interesante poder empezar a tomar la cuestión del goce desde otro punto de vista, es decir cambiarle la perspectiva, porque eso nos va a permitir encarar la clínica desde otro lugar.
Sabemos que Lacan dijo que el goce es algo sin lo cual el mundo entero carecería de importancia, con lo cual queda claro no solo que no es conveniente eliminar el goce por completo, ya que sería algo así como quitarle toda la libido a una persona, todo interés a la vida, todo propósito y meta a nuestros pacientes, sino que además queda claro que eso es completamente imposible, ya que todo sujeto siempre tendrá una fuerza, una libido, un goce y muchas cuestiones más que no pueden eliminarse como si se tratara de una energía que puede robársele. Considero que la cuestión de la pérdida del goce es un error que parte de una confusión, porque lo que dice Lacan en la frase que estamos tratando no es que el destino del goce sea la desaparición, sino que lo que puede ocurrir con el goce es que “condescienda” con el deseo. ¿De qué estamos hablando cuando decimos eso? Tiene que ver con el hecho de que el goce es imposible de eliminar de la vida de un sujeto, no se le puede sacar como si habláramos de un pulmón o de una cantidad de energía susceptible de ser aumentada o reducida; lo que sí se puede hacer en un trabajo de análisis es algo que puede ser calificado como una reorganización del goce, una reestructuración, un cambio de dirección y también de mecanismo de ser puesto en acción, una forma distinta en la cual el goce es puesto en juego dirigiéndose a otros objetivos y haciendo que se activen situaciones distintas de las que se motivaban antes.
De esta manera, ya no se estaría hablando de que el goce es un obstáculo a la aspiraciones del sujeto, no se trata de que goza mucho y por eso sufre y eso es lo que impide que el sujeto pueda disponer de su deseo y hacer uso de él para finalmente dedicarse a hacer todas las cosas que le gustan, quiere y ansía, de tal manera que habría  que apuntar durante el tratamiento a que el goce desaparezca para poder ver el surgimiento del deseo que estaba aplastado. Siguiendo esa línea estaríamos planteando una oposición radical entre el deseo y el goce que nos llevaría a pensar que son dos cosas contradictorias y que la sola presencia de una significa la absoluta ausencia de la otra.
La frase de Lacan que hoy nos ocupa muestra que esto no es así, ya que introduce al amor como aquello que puede lograr que uno y otro aparezcan juntos, más específicamente que el goce acceda a seguir la dirección del deseo, pueda acoplarse a él y darle el impulso para ejercerse de una forma distinta a como lo venía haciendo.
De esta forma no se trata de hacer desaparecer el goce para que aparezca el deseo, sino de una redirección del goce, podríamos decir siguiendo con la idea de no ser tan técnicos con los cánones, algo así como hacer que el goce deje de estar puesto donde estaba y pase a relacionarse con el deseo para que ambos puedan dirigirse a los mismos objetivos y así el goce cambiaría su rumbo, como el recalculando del GPS, y pasaría a unirse al deseo.
Pero aún así el goce no se pierde, se reordena si quieren llamarlo así, pero no hay una pérdida en la cantidad de goce. Es como si pensáramos que la escena fantasmática pierde intensidad con el avance del análisis hasta el punto en el cual el fantasma desaparece o, al menos, queda tan debilitado que ya no tiene efecto, cuando en realidad lo que Lacan dice del fantasma es que se atraviesa; el fantasma se analiza y a partir de ahí puede hacerse con él algo distinto de lo que venía haciéndose hasta ese momento, pero no se lo elimina, ni se lo modifica,  ni se lo sustituye por otro. De la misma manera, el goce no desaparece ni se debilita, sino que con el avance del análisis se podrá hacer con el algo distinto de lo que se venía haciendo hasta el momento y esa “otra cosa distinta” tiene que ver con una especie de sometimiento del goce al deseo.

Omito deliberadamente la cuestión de por qué es el amor lo que permite lograr tal cambio en el goce, tal forzamiento del goce a someterse al deseo; por el momento quería comentar un poco acerca de la idea de la “pérdida de goce” de la que tanto se habla por todos lados.

lunes, 13 de febrero de 2017

Deconstruyendo las frases malditas: El sujeto es lo que representa a un significante para otro significante.

Siguiendo con las frases odiosas que tantas veces nos vemos obligados a leer o escuchar, quería seguir con la frase que vendría a ser la prima hermana de la que revisé a finales del año pasado. Digo que es la prima hermana porque la otra abordaba una cuestión desde el lado de la definición del significante y esta aborda exactamente la misma cuestión, solo que lo hace del lado de la definición del sujeto.
La cuestión en cuestión, valga la redundancia, es la relación que hay entre el sujeto y los significantes que hacen que su existencia quede en evidencia para la conciencia. De la misma manera que se veía en la frase anterior, el sujeto solamente puede surgir si está entre dos significantes, ya que los significantes son imprescindibles para poder hablar de sujeto en la teoría psicoanalítica lacaniana y que un solo significantes ni siquiera puede existir, siendo que se necesitan por lo menos dos para que se den mutuamente la calidad de significantes. Si son más de dos, pasa a ser algo sin importancia porque ya forman parte de la cadena y ahí la conexión, vía metonimia, se extiende hasta el infinito.
A mi me gusta pensar que S1 y S2 no representan tanto la relación entre dos significantes, sino mejor aún, la relación de un significante, S1, con la totalidad de la cadena, representada por S2, en la cual las conexiones y las asociaciones son incontables e imposibles de preveer debido a que este S2, cadena, está formado por todos los significantes que nuestro inconsciente tenga a bien traer a colación mediante vínculos entre ellos.

De manera que este sujeto es resultado de la relación significante, lo cual es decir que solo podemos definir al sujeto diciendo que es lo que se produce debido a cómo un significante se vincula con otro significante y por lo tanto, resultado de esa vinculación, de lo que uno es y representa para el otro, surge el sujeto y de ahí su definición.

martes, 13 de diciembre de 2016

¡Y llegaron las 100!


Con esta publicación llego a la número 100 en este blog, que comenzó en Enero del año 2012 y que tuvo sus momentos de mayor producción y otros de menor producción (como, por ejemplo, el momento actual).
Es algo que hago con mucho placer y que me sorprende cuando veo algún comentario dejado por algún lector, o que alguien se suscribió al blog, o simplemente que el número de las visitas aumenta aunque yo n sepa quienes se metieron ni mucho menos qué cosas fueron las que les interesaron y cuales otras no.
Mucho de lo que publico acá acerca de psicoanálisis lo pongo también en mi página de Facebook y hace poco empecé ahí un grupo llamado “Pensar el psicoanálisis” donde publico preguntas que se me ocurren acerca de los distintos temas que esta hermosa vocación me plantea, con la intención de discutirlos entre todos los que quieran participar y ver qué podemos construir entre todos con los aportes que cada uno pueda hacer desde su lugar, sin ninguna exigencia de saber previo. Todos los interesados están invitados.

Finalmente, lo mismo de siempre, gracias a todos los que entran y leen, participan y comentan o, al menos, están ahí para que yo esté acá.

martes, 22 de noviembre de 2016

Deconstruyendo las frases malditas. El significante es lo que representa al sujeto para otro significante.

Y después de la frase acerca de lo que es un sujeto resulta que estamos ahí nomás de la frase que habla de lo que es un significante, son como primas hermanas que van de la mano y lo dicho en un caso sirve mucho para explicar el otro caso.
Porque hay muchas formas de hablar del significante, pero esta definición, imaginando que se trata de una definición y no de algo que Lacan dice para ponerle un enorme misterio a algo que podría decir de otra manera, es la que se escucha millones de veces. Lacan lo dice en “Subversión del sujeto…”, agregando que no hay otra definición más que esta, planteando una especie de dogma sagrado, un mandamiento categórico, al estilo: “No inventarás otra definición del significante más que la que te he dado YO”.
Es obvio que lo que Lacan entiende por “significante” es algo concreto, para Lacan no se puede dar una definición del significante aludiendo a algo que defina al goce, por ejemplo, porque el significante es una cosa y el goce es otra; pero que haya una sola forma de definir lo que un significante es y no se pueda dar cuenta de él como no sea de esa única forma… ya no estoy tan de acuerdo. Todo depende de cómo tomemos el concepto de “definición”.
Algunos van a decir que Lacan dice que no hay otra definición porque… no hay otra definición. Ustedes sabrán decidir qué piensan de este tema.
La cosa es que el significante nunca aparece solo, siempre está en relación con otro significante, solo en la relación con este segundo significante se puede descubrir el primero de ellos. Claro que no estamos hablando de tiempos cronológicos, como los del reloj porque aparece primero uno y después el otro, sino de tiempos lógicos ya que solamente cuando aparece algo que tiene relación con otra cosa es que los tomamos a los dos como significantes de la misma cadena. El hecho de que no se trate de tiempos cronológicos sino lógicos está demostrado por la aparición simultánea de ambos significantes, S1 y S2, ya que solo al unirlos puede pensarse en la relación que los une y hablar de ellos como significantes. Antes, cronológicamente antes, solo había palabras y después, cronológicamente después, hay dos significantes. Es por eso que digo que ponerle el número 1 y el 2 a estos significantes, como si uno viniera antes que el otro, solo responde a una secuencia lógica y no cronológica.
Y es solamente cuando esto se produce que aparece la irrupción de algo que no está contemplado, es decir que a esa persona que habla, que pronuncia palabras creyendo que sabe lo que dice y que lo que dice es exactamente lo que quiere decir, la aparición de estos dos significantes le resulta extraño, se trata de algo que no estuvo previsto ni fue hecho a propósito, es algo que se escapa a la idea de que todo lo que es dicho surge de la intención de quien habla.
Tal vez el ejemplo más evidente de esto es el lapsus, en el cual la propia persona que habla se sorprende al decir algo que está por fuera de lo que quería decir y de la línea que seguía su discurso. Claramente las demás formaciones del inconsciente, como las llama Lacan, también siguen esta lógica, pero el lapsus produce el efecto inmediato y la sorpresa para quien lo dijo.
Es ahí cuando aparece la pregunta acerca de dónde salió eso raro que no debería haber aparecido ya que no pertenece a la conciencia ni la intención del que habla o, por decirlo de una forma muy escuchada, aparece la pregunta ¿quién habló ahí? Siguiendo con el ejemplo del lapsus, entre el significante que se quiso decir, pero no fue dicho y el significante que no se quiso decir, pero fue efectivamente dicho aparece el sujeto del inconsciente que fue el autor de ese lapsus, fue el sujeto ($) el que habló ahí y ocurre que esas irrupciones son las únicas que puede realizar para dar cuenta de su existencia, ya sea como lapsus, sueños, síntomas, olvidos o chistes.
Es así como un significante solo puede conectarse con otro si existe un sujeto que, por los motivos particulares de cada sujeto, realice la conexión con ese otro significante, solo puede existir esta unión entre S1 y S2 si hay un sujeto que la produzca trazando entre ellos las líneas asociativas que lleven de uno hasta el otro.

Es por eso que entre dos significantes es que surge el sujeto y esto fue descripto por Lacan con la frase que hoy nos ocupa.

viernes, 21 de octubre de 2016

Batman Vs. Superman. El psicoanálisis y la filosofía Vs. el sentido común.


El más o menos reciente estreno de la película “Batman vs. Supeman” me metió en conversaciones donde tenía que explicar por qué estos dos superhéroes se peleaban entre sí en lugar de salir juntos “a luchar por la justicia” contra los supervillanos. Ocurre que mucho ha cambiado desde los cómics ingenuos de la década del ´40 y del ´50 y la complejización de las historias ,así como la de los personajes, se volvió mucho más interesante con elementos claramente filosóficos, como los que definen a estos dos personajes.
Pero además de eso me llevé una gran sorpresa de descubrir que hay una forma de relacionar las diferencias entre ellos con lo que vivimos todos los días en el consultorio psicoanalítico y eso me motivó a escribir esta presentación.
Empiezo por el principio, describir un poco lo que son Batman y Superman que les lleva inevitablemente a ponerse en veredas distintas y claramente opuestas, de manera que el enfrentamiento entre ellos era solo una cuestión de tiempo hasta que algún escritor de sus cómics se diera cuenta y lo pusiera de manifiesto.
Quiero empezar por Batman porque me gusta más (o tal vez debería decir que me gusta solamente, porque el otro… para nada. Ya se irán imaginando a quien pongo del lado del psicoanálisis y a quien del lado del sentido común). Batman es un personaje muy complejo con una personalidad enigmática y dura, está muy lejos de ser simpático, carismático y querible por quienes tratan con él y solamente el comisionado Gordon lo respeta y tal vez lo admira, pero no disfruta de su compañía. Es ya clásica la repetición de escenas donde Batman deja a Gordon hablando solo y cuando vuelve para mirarlo el murciélago ya no está, cosa que le molesta mucho al policía aunque aprendió a tolerarlo.
Batman es un hombre con un pasado traumático que siendo niño vio morir a sus padres frente a sus ojos y a partir de ese momento decidió, como dice el Guasón en “La broma asesina”, vestirse de rata con alas para salir de noche a pelearse con criminales y por eso queda claro que muy bien de la cabeza no está (cito de memoria). A él le importan demasiado poco las reglas establecidas y obedece sus propias reglas, solo coinciden en “no matar”, pero sus métodos están muy lejos de ser aceptados y compartidos por todos. Batman es un forajido que actúa por fuera de la ley y esto implica un cuestionamiento filosófico acerca de que si él puede también otros deberían tener el mismo derecho y así cualquiera podría hacer justicia por mano propia como mejor le pareciera siguiendo un poco el imperativo categórico kantiano por el cual el acto de convertirse en un vigilante renegado fuera convertido en ley universal, es decir, para todos.
Aún más, Bruce Waine eligió convertirse en un murciélago porque ese animal lo asusta, siempre le produjo miedo, incluso desde chico, de manera que Batman es una figura atemorizante no solo para aquellos a quienes combate, sino también para él mismo. Esto está en coincidencia con sus métodos, los cuales no son muy políticamente correctos, ya que implican la violencia, la intimidación, el producir terror, violar alguna que otra ley cuando él lo considera necesario; algo así como si se basara en otro precepto filosófico (¿lo dijo o no lo dijo Maquiavelo? Creo que no) que dice que el fin justifica los medios (salvo en el caso del homicidio).
Por todo esto y mucho más, son muchos los que no saben qué es Batman, de qué lado está, si hay que temerle o admirarlo, si se sienten más seguros o más amenazados por su presencia, si es héroe o villano y si es bueno o malo que exista alguien fuera de la ley que se ubica como juez y verdugo al mismo tiempo sin rendir cuentas a nadie.
Como se ve, todas las cuestiones filosóficas y psicoanalíticas que se les ocurran pueden aplicarse de una u otra manera a Batman.
Por el otro lado… Superman.
El más famoso de todos los hijos de Kriptón es un ser bueno, que sostiene los más altos ideales que todos decimos compartir, tanto es así que no solo no mataría nunca a nadie y la sola idea le generaría un horror tal que lo haría vomitar durante días, sino que además es alguien completamente incapaz de mentir, jamás dice una sola mentira porque eso no sería correcto, también siguiendo el imperativo categórico de Kant. Incluso, según Kant, una persona tenía que decir la verdad aún cuando un asesino le estuviera preguntando donde se escondía su amigo para poder matarlo, ya que al parecer la vida de su amigo no era tan importante como el hecho de decir la verdad y algo de esto se ve reflejado en el carácter de Superman, quien siempre parece tener todas las cosas claras, la bondad es la bondad y la maldad es la maldad, los buenos trabajan y son justos mientras que los malos deben ir a la cárcel previo juicio con jurado como la ley manda. Él es demasiado obediente de lo correcto, lo bueno y lo bello, también es muy ordenado, siempre bien centrado, seductor e inteligente sin perder el sentido del humor y es el paladín de la justicia a quien el gobierno de Estados Unidos recurre frecuentemente como garantía de confianza, seguridad y bienestar de todos los seres humanos. ¿No será mucho?
Claramente, alguien así, tan perfecto e ideal, no puede ser humano porque no está atravesado por ninguna barra y por eso podemos decir desde el psicoanálisis que entendemos que su nombre se escriba con S como inicial y nunca veremos escrito: “$uperman”. Pero bueno, puede ser, él nació en Kriptón.
Se trata claramente de dos modelos completamente distintos, pero lo que más me interesa es que son completamente incompatibles ya que donde se aplica el método de uno es imposible que funcione el del otro, o se hace de manera legal, con todas las garantías, según cómo indican las leyes y sin decir una sola mentira porque eso está mal o se hace en las sombras, rompiendo cuanta ley haya que romper (salvo una) y escribiendo nuevas reglas, sin que en ningún momento la impresión que esto cause en la gente común influya en la decisión a tomar.
Y pensando en todo esto se me ocurrió que ambos representan bastante bien lo que el psicoanálisis y la filosofía por un lado, y el sentido común por el otro tienen de más importante, ya que las dos primeras, como Batman, representan un gran misterio para la mayoría, no se los comprende y la gente común se pregunta si valen la pena o son simples locuras, se meten en cosas raras que el resto prefiere dejar de lado sin siquiera enterarse de qué se tratan. Pero sin embargo ahí están y ahí siguen y ahí van a seguir estando para mostrarnos que hay muchas más cosas de las que queremos ver, para mostrarnos que no existen las cosas blancas ni las cosas negras sino solamente distintos tonos de gris y para mostrarnos que lo que se nos aparece del otro lado, el sentido común, no es más que un engaño en el que cómodamente nos arrullamos para convencernos de que las cosas son claras, que se puede vivir la vida sin decir una mentira, que los buenos están de un lado y los malos del otro tanto así que la diferenciación se puede hacer sin complicaciones, que el malo debe recibir un trato justo porque los que son buenos actúan buenamente, que alguien puede ser alto, lindo, fuerte, inteligente, quedarse con la chica que le gusta, ser la estrella rutilante en su lugar de trabajo, gracioso, tener la desconcertante habilidad de que nadie se de cuenta de la doble identidad a pesar de estar siempre con la cara a la vista y, encima, como si todo esto no fuera suficiente, salvar la Tierra y muchos mundos más con el tiempo justo para entregar la nota que va a ser la tapa del diario y llegar a casa para preparar la cena y encender las velas para una cita romántica con la novia.
O tal vez todo esto no sea solo una ilusión y un ideal, sino que sea una realidad concreta. En Kriptón.
Acá en el planeta Tierra la realidad es más al estilo batmaniana, con todos los claroscuros y dudas posibles e imaginables, tanto como los que inspira la figura del hombre murciélago, con todos sus traumas, temores e inseguridades a cuestas.
Yo, por mi parte, disfruto mucho algunas historias de Batman, pero siempre consideré que Superman era un personaje aburrido, tonto y sin ninguna característica que valiera la pena destacar, motivo por el cual jamás pude identificarme con él.
Como resultado inevitable de esto, soy psicoanalista y me encanta la filosofía.