viernes, 22 de septiembre de 2017

jueves, 31 de agosto de 2017

El acting out del paciente de los sesos frescos de Kris.

Siempre tuve la duda de por qué Lacan calificaba el hecho de que este paciente comiera sesos frescos como un acting out y creo que por fin encontré una respuesta que me resulta coherente. Obviamente, que lo haya dicho Lacan no representa garantía de nada porque tal vez se pudiera haber equivocado, por eso creo importante justificarlo teóricamente.
El relato de este paciente aparece en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, en donde Lacan cuenta que Kris tenía un paciente que decía ser plagiario, esto es que copió un texto y lo hacía pasar como propio y por eso no podía publicar lo que escribía ya que sería acusado por todos, ante lo cual Kris leyó ambos textos y comprobó que el punto de unión entre ambos era mínimo y que se debía a que ambos se referían a un mismo tema, pero que esto mismo pasa con miles de escritos y eso no significa que uno sea copia del otro; por lo demás, todo lo que había escrito su paciente era completamente original y no debía nada al otro texto.
Ante esto ocurre que varias veces el paciente sale de la sesión y come sesos frescos y a la sesión siguiente se lo cuenta al analista, quien toma esto como un festejo por haber sido aliviado de la culpa y, por lo tanto, comprobación de la exactitud y acierto de la intervención.
Es este hecho de comer sesos frescos lo que Lacan lee como un acting out.
En el seminario 10, Lacan dice respecto del acting out:

“El acting out es esencialmente algo, en la conducta del sujeto, que se muestra. El acento demostrativo de todo acting out, su orientación hacia el Otro, debe ser destacado”.(1)

Esto nos orienta un poco en relación a que cada vez que el paciente iba a comer este plato se lo contaba a Kris, había algo que le estaba mostrando que iba mucho más allá de simplemente contarle algo que había hecho y esto lo podemos ubicar en el hecho de que no solo esa práctica se realizaba en forma repetida, sino que el relato, la mostración al analista de aquello que hacía, también insistía; ahí había un mensaje que no terminaba de ser transmitido, justamente porque había un Otro que no podía escucharlo. Cada vez que Kris no tomaba eso como un mensaje para ponerlo a hablar en la sesión, el paciente volvía a repetirlo como para darle otra oportunidad al analista de poder escucharlo. La insistencia de esa acción, su repetición, no entraba en la dinámica de ese tratamiento y por eso seguía insistiendo.
Lacan había ejemplificado esto un párrafo antes diciendo respecto de la joven homosexual tratada por Freud:

“…toda la aventura con la dama de dudosa reputación elevada a la función de objeto supremo es un acting out”. (2)

Respecto de Dora:

“…todo su comportamiento paradójico con la pareja de los K., que Freud descubre enseguida con tanta perspicacia, es un acting out”. (3)

Y respecto del paciente de Kris, escenifica su actuar como si dijera, ante aquello que no era escuchado por el analista:

“Para mostrárselo bien, al salir de aquí iré a comerlos y se lo contaré la próxima semana”. (4)

Más adelante, Lacan da una definición más explícita acerca del acting out al decir que:

“A diferencia del síntoma, el acting out, por su parte, pues bien, es el esbozo de la transferencia. Es la transferencia salvaje. No hay necesidad de análisis, como ustedes se lo figuran, para que haya transferencia. Pero la transferencia sin análisis, es el acting out. El acting out sin análisis es la transferencia”. (5)

Con lo cual nos está diciendo que el acting out es lo que aparece cuando hay una transferencia en juego, pero hay cuestiones que no son analizadas, de manera que quedan  sin ser profundizadas y eso deja elementos que quedan por fuera del trabajo que se está haciendo y que son puestas en acción en el acting.
Ya desde Freud sabemos que aquello que no puede ser mostrado por la palabra aparece como algo actuado, puesto de manifiesto en acciones.
Y no puede ser de otra manera cuando un paciente dice que siente ser plagiario y el analista no profundiza en eso y no pregunta a qué se refiere, qué entiende por “plagiario” o algo por el estilo para tratar de poner a hablar esa sensación que trae el paciente y ver a donde conduce, sino que muy por el contrario aplasta todo eso con una sentencia que le impone una idea de que eso que siente es incorrecto y por lo tanto no tiene razón de ser. De esta manera no hay lugar en aquellas sesiones para hablar de esto que siente el paciente y por eso debe ser expresado de otra manera, en acciones, con un acting out que insiste.
En libro “Las intervenciones del analista”, Isidoro Vegh dice al respecto:

“A mi entender, una confirmación de la intervención de Kris habría sido que el sujeto cambiara su posición y pudiera publicar algún escrito –mostración de sus sesos frescos- en lugar de quedarse mirando sesos frescos del otro lado del vidrio.
Actin out: algo en la transferencia que el analista no pudo escuchar obliga al sujeto a ponerlo en escena; es una demanda de interpretación”. (6)

En ese sentido se trata de una acción dirigida a un Otro ubicado en el analista, para que le de una interpretación a eso que se le está mostrando.
Claramente la intervención de Kris no produjo ningún cambio en la actitud del paciente, ni respecto del comer sesos frescos, ni en relación a no poder publicar nada, ni en cuanto a su sentimiento de ser plagiario.
Se trata de una crítica que Lacan le hace no solo a Kris, sino a todos los post-freudianos, criticando directamente el núcleo de su teoría y los objetivos que perseguían ya que Lacan lo ubica como haberse quedado atrapados en el registro imaginario y no ser capaces de trabajar, ni siquiera contemplar, todo lo que tiene que ver con el registro de lo simbólico.


Bibliografía.

(1)   Lacan, J. Seminario 10. Paidós, Buenos Aires, 2011.  Página 136.
(2)   Idem.
(3)   Idem.
(4)   Idem, página 138.
(5)   Idem, página 139.
(6)  Vegh, I. “Las intervenciones del analista”. Agalma, Buenos Aires, 20004. Página 62.

martes, 22 de agosto de 2017

Sócrates y Galileo, los “Destruye mitos”.


Es interesante una cuestión que puede ubicarse entre estos dos genios que revolucionaron todo en su época y dejaron marcas imborrables para el resto de la historia humana, especialmente en el hecho de que ellos, como muchos otros también, por supuesto, tuvieron una actitud que iba mucho más allá de los mitos que imperaban en sus días y tuvieron el valor de afrontarlos, aún cuando la decisión que tomaron acerca de cómo enfrentar la represalia ante lo que habían dicho fue distinta en uno y otro.
El primero en aparecer según la línea temporal es Sócrates, quien se autodefinía como un moscardón que iba por las calles molestando con sus preguntas al gran caballo que era Atenas. Pero estaríamos muy equivocados si creemos que Sócrates era solo un molesto que se divertía haciéndole perder el tiempo a mucha gente con preguntas que solo servían para romper la paciencia, porque él se preocupaba como nadie por acceder al verdadero conocimiento, el que se encuentra más allá de todas las cosas que creemos saber y que nos ocultan el hecho de que no sabemos. Mientras más creemos saber es donde más engañados estamos o, como dice la frase famosa dicha por no sé quién: “Es fácil engañar a una persona, pero es muy difícil convencerla de que ha sido engañada”.
Todos estamos completamente convencidos de que sabemos mucho.
Excepto Sócrates, él estaba convencido de todo lo contrario y consideraba que no sabía nada, de ahí la aún más famosa frase: “Solo sé que no sé nada”, y al estar advertido de su propia ignorancia le era más fácil ver la de los demás, los cuales estaban engañados en una posición de mucho saber. Ahí era donde aparecía el moscardón para demostrarles a todos que ese conocimiento no era más que una ilusión, una opinión (doxa, en griego), la cual estaba muy alejada del verdadero conocimiento (episteme). También buscaba mostrarles el camino al verdadero saber, pero para eso antes tenía que hacer cierto tipo de purga de las ideas que se venían sosteniendo para vaciar ese contenido ilusorio antes de llenarlo del verdadero.  Es por eso que él buscaba que cada uno pudiera pensar en lo que creía que era cierto, pudiera pensarlo por sus propios medios sin quedar atrapado en lo que le fue dicho y todos aceptan como la verdad indiscutida.
Y cómo no ubicar los mitos en ese lugar. Hoy hablamos de religión porque nunca nadie piensa que sus creencias son mitos, sino la realidad más absoluta e indiscutible, pero tengamos en cuenta que no eran los atenienses de aquella época los que calificaban al Olimpo, a Zeus y a Atenea más todos los otros dioses como mitos o mitología, sino que esa es una interpretación que se hace desde tiempos y cultos posteriores. Así que estamos en el mismo tema.
Justamente una de las más graves acusaciones por las que Sócrates fue enjuiciado fue la de discutir la existencia de los dioses y proponer dioses nuevos, lo cual tiene todo que ver con la otra gran acusación que consistía en corromper a los jóvenes metiéndoles en la cabeza ideas extrañas, hacerlos discutir el orden establecido y muchas cosas más.
Nada muy distinto a cómo reacciona la sociedad hoy en día si alguien pone en duda la existencia de Dios; hoy se los califica como blasfemos, antes los quemaban en la hoguera y antes, mucho antes del cristianismo, se los enjuiciaba y se los condenaba a beber cicuta, como a Sócrates.
Es evidente que a él no le interesaba discutir todo esto simplemente para molestar a la gente, sino para correrles el velo de ilusión y poder llevarlos hacia lo que él consideraba que era el mundo verdadero, el mundo de las ideas.
Si bien el mundo en el que vivió Galileo era muy distinto de aquel en el que vivía Sócrates, tampoco era completamente distinto. Hay cosas que parece que nunca cambian. En la época de Galileo ya estaba el cristianismo y él no vivía en Atenas, pero hay cosas que permanecen iguales a pesar de los siglos y las latitudes o longitudes geográficas.
Galileo fue alguien a quien tampoco le terminaba de convencer todo lo que los demás decían acerca del mundo, tanto los científicos, como los clérigos, como la gente común y es por eso que no se quedó con esas ideas sino que fue a buscar sus respuestas con la rebeldía que mostraba ante lo que trataban de imponerle como si fuera la realidad.
Galileo, como Sócrates, comentó a preguntarse por todo aquello que para los demás estaba perfectamente respondido y era perfectamente conocido.
Fue así como pudo destruir ideas fundamentales de la física que venían desde tiempos de Aristóteles sin más elementos que un plano inclinado y una pelota. Y también fue así como empezó a investigar la realidad más allá de lo que le decían que era la realidad y puso en duda que nuestro planeta fuera el centro del universo y que el sol girara alrededor de ella.
Su libro fue considerado una afrenta a la Biblia y sus ideas eran directamente una falta de respeto hacia Dios y eso hizo que Galileo fuera llevado a juicio para que se desdijera de todo lo que había escrito y se mantuviera dentro de la línea de lo que la Iglesia y la Inquisición le enseñaban a la gente que tenían que creer.
Cuando Galileo fue interpelado por postular que existía el movimiento en el espacio supralunar, es decir más allá de la luna, ya que había dicho que había visto cuatro satélites que giraban alrededor de Júpiter, los miembros de la Iglesia decían que eso era imposible y rechazaban la simple comprobación de mirar por el telescopio para confirmar o refutar lo planteado porque argumentaban que Galileo podía haber pintado esas manchitas blancas en alguna parte del telescopio para crear la confusión, otros decían simplemente que si con ese objeto se podía ver algo distinto de lo que decía la Biblia, entonces claramente era un objeto demoníaco.
Hoy conocemos esas cuatro lunas de Júpiter como “lunas de Galileo”, por ser él su descubridor.
Cuando Galileo mostró sus investigaciones con las cuales demostraba que la Tierra giraba alrededor del sol no encontró uno solo que quisiera escucharlas porque la Biblia tiene un pasaje muy claro en el cual dice expresamente que Dios detuvo el movimiento del sol alrededor de la Tierra, por lo tanto cualquier otra afirmación era inaceptable.
Cuando ya existe la respuesta, no hay lugar para hacer preguntas.
Y así con muchos otros ejemplos.
Galileo fue condenado y tuvieron que pasar varios siglos para que la Iglesia revisara su posición al respecto, después de algunas confirmaciones acerca de esta sentencia se decidió perdonarlo.
Yo considero que no había hecho nada malo por lo cual debiera ser disculpado, sino que es la Iglesia la que debería pedir perdón por lo hecho, pero ese ya es otro tema.
Una vez escuché alguien que criticaba a Galileo por haber actuado distinto a como lo había hecho Sócrates, ya que el ateniense decidió morir antes que cambiar todo lo que había dicho antes, mientras que el florentino se retractó y evitó así el castigo de la inquisición. Mientras lo escuchaba pensaba que es muy lindo, fácil y cómodo decir todo eso desde la ciudad de Buenos Aires en pleno siglo XXI, a diferencia de lo que debe haber sido para Galileo teniendo todos los instrumentos de tortura de la Inquisición frente a sus ojos junto a todos los relatos de quienes sabían cómo se usaban esos elementos.
¿Nosotros hubiéramos actuado como Sócrates o como Galileo?

Yo creo que habría hecho lo que hizo Galileo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

El Freud que decido no tomar.


Que Freud es un autor que sorprende es algo que sabe cualquiera que haya leído su obra o que conozca al menos un poco de lo que dice, ya que escribió cosas sorprendentes que no dejan de maravillar a todos los que estudiamos el psicoanálisis. El problemita es que este muchacho ha escrito cosas que nos sorprenden para el otro lado, es decir que se nos atragantan ciertas frases y se nos hace imposible tragarlas o digerirlas. Seguramente algunas de estas cuestiones las podemos superar sirviéndonos de la teoría de Lacan, pero sigue siendo sorprendente encontrar algunas cosas escritas por el mismísimo Freud. Incluso Lacan muchas veces habla de “instinto”, en lugar de hablar de “pulsión”, lo cual me hace dar ganas de resucitarlo solo para poder ser yo quien lo mate.
Esto me pasó la otra vez leyendo “Introducción del narcisismo”, escrito de 1914, texto que ya en su primera página dice lo siguiente:

“En este sentido, el narcisismo no sería ya una perversión, sino el complemento libidinoso del egoísmo del instinto de conservación; egoísmo que atribuimos justificadamente, en cierta medida, a todo ser vivo”.[1]

Paso por alto la mención de “instinto” porque yo trabajo con la traducción de López Ballesteros que tradujo por “instinto” tanto la palabra alemana instinkt como también la palabra trieb, la cual en la edición de Amorrortu se tradujo como “pulsión” y es este el concepto con el que trabajamos en psicoanálisis.
Pero más allá de este detalle de la traducción (“traductor, traidor” dice el dicho) me interesa destacar que Freud ubica el egoísmo propio de la pulsión de autoconservación en todo ser vivo. Y agrega que lo hace justificadamente.
En este punto no sería conveniente ponerse a “comprender” el texto, con todo lo que ese término tiene de negativo en psicoanálisis, porque esto nos llevaría a decir que cuando Freud dice que esto estaría en todo ser vivo no caben dudas que se está refiriendo los seres humanos. Así solucionaríamos todo escuchando lo que queremos escuchar, pero estaríamos negando algo que está en Freud y que no considero que esté bueno esconder debajo de la alfombra.
Freud dice que esto aparece en todo ser vivo y creo que hay que leerlo a la letra, tomar sus palabras tal cual él las escribió, porque ahí se encuentran ciertas ideas que no comparto con él y que creo que estaría bueno erradicar del psicoanálisis.
Aclaración tonta, pero igual la hago, esto no significa que ya no me interesa leer a Freud, sino que no tomo obedientemente todo lo que él escribió sin cuestionar nada, ya que me parece que hay que hacer críticas respecto de lo que uno considera que no es aceptable, sin importar que sea Freud, Lacan o la misma Biblia.
Por eso el título de esta publicación. Hay otras cosas de Freud que sí quiero tomar.
Tampoco considero que esto sea algo aislado o que tiene que ver con cierto momento de su producción y que después puede haber cambiado a rumbos más cercanos a la teoría psicoanalítica que manejamos habitualmente, es por eso que quiero hacer una pequeña referencia a otras cosas de Freud que entiendo yo que van en el mismo sentido.
La primera de ellas tiene que ver con la pulsión y su fuente, como la llama Freud, lo cual significa el lugar desde donde parte la pulsión y se conoce como zona erógena, esta zona es una parte del cuerpo y es de ahí de donde parten todas las pulsiones, es por eso que desde el primer momento que habló de pulsiones Freud las definió como el concepto límite entre lo psíquico y lo somático. Tengamos en cuenta que la primera vez que Freud habla de esto es en “Tres ensayos…” de 1905, por lo que viene desde los principios de su obra.
Esto nos da una base orgánica para todo lo que tenga que ver con el tema de las pulsiones, ya que de ahí parten y de ningún otro lado, misma base orgánica que nos remite al paradigma desde el cual partía Freud en relación a la física y la dinámica que lo llevaba a hablar con términos tales como aparato psíquico, condensación, desplazamiento, energía y tantos otros que remiten inevitablemente a la materia que se puede ver y tocar, también conocida como “partes extra partes” o la res extensa de la que hablaba Descartes.
Cambiar esta terminología por sujeto, metáfora, metonimia y otras cosas, como hace Lacan, nos pone en otro discurso que nos arranca del cuerpo entendido de esa forma.
Esta referencia al marco desde el cual Freud escribía tiene que ver con la cita anterior porque si todo parte del cuerpo entonces está abierta una ventana, rara y complicada, pero abierta al fin, según la cual cualquier ser vivo que tiene un cuerpo puede presentar características semejantes, como por ejemplo cierto narcisismo, egoísmo y pulsión de autoconservación.
No llegaría a decir que Freud ubicaba esto en vegetales, por ejemplo, pero que hable de todo ser vivo en lugar de hacerlo en relación a los seres humanos no me parece que haya sido un descuido de Freud, sino que tiene que ver con lo que él atribuía como características de la sustancia viva, el cuerpo, la carne, hormonas, órganos y demás elementos que forman un animal, ya sea pensante o no.
Tal vez pueda parecer que estoy llevando las cosas hasta un extremo al que no muchos tengan intenciones de seguirme, pero tal vez eso cambie al poner una cita más, cuando después de dar una descripción de la segunda tópica dice:

“Este esquema general de un aparato psíquico puede asimismo admitirse como válido para los animales superiores, psíquicamente similares al hombre. Debemos suponer que existe un Super yo en todo ser que, como el hombre, haya tenido un período más bien prolongado de dependencia infantil. Cabe también aceptar inevitablemente la distinción entre un Yo y un Ello.
La psicología animal no ha abordado todavía el interesante problema que aquí se plantea”.[2]

¡Tremendo!

¡Devastador!

¡Una locura!

Sé que debería haberlos preparado un poco más para esta bomba, pero no hay forma de suavizar el impacto de tales palabras.
Mientras espero que le vuelva el alma al cuerpo a más de uno, les cuento que cuando leí eso por primera vez casi se me caen los dientes y quedé turulato, como en shock, durante unos días. ¡Pero les juro que es Freud quien lo escribe y no invento mío!
El “Compendio…” es de 1938, solo un añito antes de que Freud muriera, de manera que fue una de las cosas que pensó hasta el último día de su vida.
Parafraseando el tango “Cambalache”, que dice acerca de actitudes humanas: “en el 506 y en el 2000 también”, podemos decir respecto de este tema en Freud: “en el 1905 y en el ´38 también”, aunque no coincida con la música.
Pero existe una línea de pensamiento que tiene cierta lógica, porque si mucho de lo que descubre el psicoanálisis está basado en el cuerpo, como ocurre con la pulsión (1905) y demás cuestiones, pensar que estas mismas cosas tales como el narcisismo (1914) y la segunda tópica (1938) puedan ocurrir en otros seres vivos no resulta tan imposible. Al fin y al cabo, los animales también tienen un cuerpo más o menos similar en funciones al que tiene el ser humano. Entonces… ¿por qué no se podría plantear la segunda tópica en Flipper o Lassie?

¿Se dan cuenta que esto podría ser un argumento de un psicólogo de perros, que dice ser más freudiano que cualquier psicoanalista, porque Freud abrió la puerta para estudiar estas cuestiones en animales? ¡Lo más horrible es que nos sería imposible decirle que Freud se oponía a eso!
A estas cosas de Freud, yo les digo un “no” rotundo y muy fuertemente sostenido.





[1] Freud, S: “Introducción del narcisismo” En Obras completas, Tomo 15, página 2017. Losada, Buenos Aires, 1997. 
[1] Freud, S: “Compendio de psicoanálisis”. Idem, Tomo 25, página 3381.

viernes, 21 de julio de 2017

La existencia auténtica y la inauténtica en Heidegger.


Dice José Pablo Feinmann en “La filosofía y el barro de la historia”, página 358:

“El Dasein no es la conciencia. No es el sujeto kantiano. Es un ente existencial. El sujeto kantiano no era un ser para la muerte. El Dasein, sí. La experiencia del Dasein no es cognoscitiva. Su “estado de-yecto” no tiene amparo es, ya, culpable y “cae”, además, en un mundo en el que deberá elegir (…) entre las “habladurías”, la “avidez de novedades”, la “ambigüedad”, en suma, en que deberá elegir si quiere ser en la modalidad de “estado de interpretado” o empezará a decir sus propias palabras. Aquí hay, según vemos, una búsqueda de un “lenguaje auténtico” que el Dasein, que es “hablado” por el se, tiene que apropiarse de sí, y tendrá que lograrlo, sobre todo, atreviéndose a anticiparse a-sí-mismo (…) y eligiéndose como una totalidad al asumirse como ser para el fin.”

Lo primero que aparece es la diferenciación que tiene la concepción del sujeto tal como la entiende Heidegger de cómo la entendía Kant, ya que para Kant el sujeto estaba basado en sus posibilidades de conocimiento, tanto que la pregunta acerca de si se podía pensar en postulados sintéticos a priori era fundamental para entender cómo conocía el ser humano el mundo que lo rodeaba. Heidegger, con su concepto del Dasein, parte de otro lado, se trata del ser humano como un ser que inevitablemente va a morir y eso plantea una diferencia fundamental, ya que su vida estará regida por la idea de la muerte, el ser para la muerte, un planteo existencialista, y no por la pregunta del conocimiento.
El Dasein, que en alemán significa el “ahí” (Da) del “ser” (sein), es este ser humano que está en el mundo y se pregunta por el ser, pero también tiene que tomar una decisión respecto de cual va a ser su actitud en este mundo en el cual se encuentra arrojado.
En esta cita aparecen dos posibilidades, que son las que podemos llamar la existencia auténtica y la inauténtica. Claramente la inauténtica es más fácil, pero para algunos es absolutamente insatisfactoria y no puede ser concebible ni siquiera como una opción. El que la rechaza tiene, al menos, un poco de filósofo.
La existencia inauténtica es aquella que se deja llevar por las habladurías, lo que la gente dice, lo cual Heidegger menciona también cuando habla del “das man”, es decir el “se”, como en este texto, según en cual la gente determina que “se” debe leer tales libros, “se” debe hacer tales cosas, “se” debe pensar de tal manera, etcétera. Esto lleva directamente a estar ubicado en el estado de interpretado, en el cual uno ya no piensa por sí mismo, sino que solamente repite lo que otros dicen, o hace lo que otros hacen bajo la idea de que eso es “lo que hay que hacer”, y de esa manera ya no piensa en su propia conducta, no se pregunta por su ser, por su identidad, por sus intereses ni por nada de lo que lo atañe ya que simplemente se deja llevar por lo que le dicen que se debe hacer.
Es ciertamente mucho más fácil hacer lo que otros dicen, alivia todo el peso de tener que pensar por uno mismo y tomar las propias decisiones teniendo que enfrentar las consecuencias de lo elegido, pero también provee una existencia muy chata, muy pobre, en la cual uno queda a merced de lo que el otro diga sin mayores posibilidades de introducir ahí una palabra propia, que apunte en dirección a seguir el camino del propio deseo.
Este es el camino que muchos eligen, pero no todos eligen eso.
Como lo dice el texto, hay una elección que hacer, una decisión que tomar respecto de esto; claramente puede pasar desapercibida esta decisión por no tratarse de un momento conciente o voluntario, pero muchas otras veces sí es totalmente claro el momento en que uno dejó de obedecer el “se” y pasó a tomar decisiones por su cuenta. Esta actitud distinta es la auténtica, la cual implica tomar una palabra propia, un “lenguaje auténtico” gracias al cual nos separamos del “das man” y podemos empezar un camino nuevo, elegido por nosotros y sin estar pegados a lo que se nos dice que es lo correcto.
Obviamente, esto no implica cortar relaciones con el resto del mundo, ni alejarse a una isla desierta, simplemente no ser esclavo de los dichos de otros.
¡Pero qué difícil que es transitar ese camino a veces! Sartre decía en este sentido que el ser humano está condenado a ser libre, incluso en este punto que describe Heidegger se debe elegir por la existencia auténtica o la inauténtica, con total libertad, sin poder echarle la culpa a nadie por la elección tomada. Todo el peso de las decisiones tomadas por fuera de lo que los demás nos dicen que tenemos que hacer recae sobre uno mismo y hay que afrontar lo elegido, sea lo que sea.
No cualquiera puede hacerlo, no es tan sencillo como todos esos dichos acerca de que “uno tiene que ser uno mismo” y toda esa pavada que no dice nada. Al final de cuentas, todos (o tal vez casi todos) creemos estar totalmente del lado de la existencia auténtica, eligiendo lo que queremos por nuestros propios intereses, pero claramente eso no es tan así, la dirección de masas es un juego para las publicidades, las propagandas políticas, los elementos de la cultura popular y tantas otras cosas más. Cuantas veces podemos pensar que alguien que dice hacer todo por sus propias ideas no está más que repitiendo lo que todos a su alrededor dicen, pero, a diferencia de Sócrates, esa persona no está advertida de su propia ignorancia y cree ser el más sabio de Atenas. O de donde viva.
No es fácil asumirse a uno mismo como ser para el fin.


¿Será que somos seres auténticos, cada uno de nosotros, o inauténticos engañados por quienes dicen lo que hay que hacer?

viernes, 14 de julio de 2017

Freud y la histeria. Clase 7: El caso Dora (3º parte).


Este es la tercera y última parte del video acerca de Dora, con este video cierro la serie dedicada a la histeria en la obra de Freud sin por eso abarcar todo lo que se puede decir sobre el tema.